Según la GAO, el programa para extender la vida útil de siete cruceros clase Ticonderoga costó unos 3.700 millones de dólares y sufrió problemas de planificación. Cuatro de las unidades fueron retiradas sin completar su actualización.
La Armada de Estados Unidos destinó 1.840 millones de dólares a la reparación y modernización de cuatro cruceros lanzamisiles de la clase Ticonderoga, pero ninguna de esas unidades volvió a ser desplegada después de ingresar al programa de actualización. Los buques fueron retirados sin que la inversión permitiera recuperar su capacidad operativa, según informó la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO).
Los barcos involucrados fueron el USS Hue City, USS Anzio, USS Cowpens y USS Vicksburg, que formaban parte de un proyecto iniciado en 2015 para extender la vida útil de siete unidades. De acuerdo con la GAO, el programa completo demandó aproximadamente 3.700 millones de dólares y presentó problemas de planificación y supervisión.
El informe indica que se realizaron unas 9.000 modificaciones contractuales para abordar daños y desperfectos no identificados inicialmente. El deterioro de las embarcaciones resultó mayor al previsto, lo que amplió las tareas de mantenimiento, provocó retrasos y elevó los costos.
Características de los cruceros Ticonderoga
Los cruceros de la clase Ticonderoga comenzaron a operar en la década de 1980 y fueron diseñados para proteger grupos de portaaviones mediante el sistema de combate Aegis. También podían realizar misiones antisubmarinas, combatir otras embarcaciones y atacar objetivos terrestres con misiles de largo alcance.
A partir del USS Bunker Hill, estas unidades incorporaron 122 celdas de lanzamiento vertical Mk 41, capaces de transportar diferentes combinaciones de misiles, incluidos los Tomahawk. Esa capacidad convirtió a los cruceros en plataformas para las operaciones navales estadounidenses.
Sin embargo, el envejecimiento de las embarcaciones complicó los trabajos de recuperación. Las inspecciones realizadas durante las reparaciones revelaron daños adicionales que obligaron a ampliar las intervenciones previstas. La GAO identificó deficiencias en las estimaciones iniciales, la planificación y los mecanismos de control.
De los siete cruceros incluidos en el programa, solo el USS Gettysburg, el USS Chosin y el USS Cape St. George completaron su modernización. La Armada extendió posteriormente sus períodos de servicio, mientras que los otros cuatro fueron retirados sin volver a participar en despliegues operativos.
Impacto en la capacidad militar
El retiro de los Ticonderoga reduce la cantidad de celdas disponibles para lanzar misiles en la Armada estadounidense. Los destructores de la clase Arleigh Burke, que asumen parte de sus funciones, disponen de entre 90 y 96 celdas, frente a las 122 de los cruceros.
La diferencia es relevante para los misiles Tomahawk Block IV y Block V, cuyo alcance aproximado es de 1.000 millas (1.609 kilómetros). Estas armas permiten atacar instalaciones militares, sistemas de defensa aérea y centros de mando desde posiciones alejadas del territorio enemigo.
A esta reducción se suma el retiro progresivo de los cuatro submarinos lanzamisiles de la clase Ohio. Cada uno puede transportar hasta 154 misiles Tomahawk, una capacidad que también desaparecerá de la flota cuando finalice su servicio.
El escenario cobra importancia ante un eventual conflicto en el Indo-Pacífico, donde las distancias y los sistemas defensivos chinos podrían exigir ataques desde posiciones alejadas. Aunque los destructores Arleigh Burke continúan desempeñando misiones esenciales, su menor cantidad de celdas no permite reemplazar individualmente toda la capacidad de lanzamiento de los Ticonderoga.
Los 1.840 millones de dólares invertidos en los cuatro cruceros que no volvieron a desplegarse representan, según el informe, un fracaso presupuestario y una pérdida de capacidad militar en un contexto de creciente importancia de los misiles de largo alcance.
