Cada 4 de noviembre se celebra el Día del Calesitero en homenaje a Luis Rodríguez. En la Ciudad de Buenos Aires funcionan calesitas históricas y una normativa regula su instalación y funcionamiento desde 2015.
Cada 4 de noviembre se celebra el Día del Calesitero, fecha que reconoce a quienes mantienen en funcionamiento las calesitas. La elección del día corresponde al nacimiento de Luis Rodríguez, conocido como Don Luis, un calesitero histórico vinculado a la calesita que lleva su nombre.
La calesita Don Luis fue adquirida por su familia en 1920 y continúa en actividad. Tras la caída de Rodríguez en 2013, su ahijado, José Luis Rodríguez, sostuvo la continuidad del carrusel.
Los carruseles tienen origen en ejercicios ecuestres y prácticas militares de la Europa medieval, en las que los jinetes debían ensartar anillos mientras montaban a caballo. Con el tiempo se transformaron en atracción infantil.
En la Ciudad de Buenos Aires se encuentran varias calesitas con características propias. En Villa Devoto, dentro de la Plaza Arenales, funciona desde 1938 la considerada más antigua en actividad de la ciudad, conocida como la Calesita de Tito. En Palermo, la calesita de dos pisos del Ecoparque, sobre la avenida del Libertador, se distingue por su estructura. En Saavedra, la Calesita del Bicentenario, inaugurada en 1943 e fuera de servicio en 1979, volvió a funcionar tras una iniciativa vecinal y un trabajo de recuperación impulsado junto con el Gobierno porteño y la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines.
En noviembre de 2015, la Ciudad sancionó una normativa para regular la instalación y el funcionamiento de calesitas y carruseles en espacios públicos. La legislación establece condiciones de seguridad y mantenimiento, y reconoce su valor histórico, cultural y estético como parte del patrimonio cultural porteño.
El documental «Calesitas, una vuelta más», realizado por Marcos Figueroa, registra testimonios de calesiteros históricos como Carlos Pometti, de gestores culturales como Noelia Richo y de encargados de conservación. La obra documenta la transmisión intergeneracional y el sentido de pertenencia en los barrios de Buenos Aires.
