Un politólogo plantea que la pobreza es una cuestión nacional y la compara con el reclamo de Malvinas

En un artículo de opinión, el politólogo sostiene que así como el Estado argentino reclama soberanía sobre las Malvinas, también debería priorizar la protección de los argentinos en situación de pobreza, sobre quienes ejerce plena jurisdicción.

En un artículo de opinión titulado «Los pobres también son argentinos», un politólogo analiza el discurso del presidente Javier Milei sobre la soberanía de las Malvinas y lo contrasta con la situación de pobreza que afecta a millones de argentinos. El texto plantea una reflexión sobre las prioridades del Estado y el sentido de la nacionalidad.

El autor parte de la idea fuerza «Las Malvinas son argentinas», que según señala organiza el reciente discurso presidencial, y de la cual se desprenden obligaciones como defender la soberanía, impedir la explotación ilegítima de recursos, sancionar empresas, crear un Consejo Nacional, dictar normas e invertir donde la defensa del territorio lo requiera.

Sin discutir la legitimidad del reclamo argentino, el politólogo coloca junto a esa idea otra pertenencia nacional: «los pobres son argentinos». Señala una asimetría: en las Malvinas, el Estado no ejerce soberanía y reclama lo que no controla; en cambio, sobre el territorio donde millones de argentinos viven en la pobreza, ejerce plenamente su jurisdicción, dicta leyes, firma decretos, recauda impuestos, administra presupuestos y fija prioridades.

El texto sostiene que la pobreza no interroga la extensión de la soberanía sino su sentido: qué se hace con la que ya se tiene. Plantea que si la causa Malvinas se sostiene en nombre de la comunidad, cabe preguntarse por qué la prioridad de esa comunidad cuando ya está bajo jurisdicción argentina y sufre carencias no organiza con la misma urgencia el discurso público.

El autor se pregunta qué es una nación: ¿un territorio o una comunidad? Y argumenta que si la Nación es ante todo una comunidad, las personas no son uno más entre los bienes a proteger, sino quienes la constituyen. Sin comunidad, el territorio sería solo espacio geográfico. Es la comunidad la que lo convierte en territorio nacional y hace nacer el deber de defenderlo.

De allí deriva un orden de obligaciones, de fundamento y no de agenda. Aclara que «primera» no significa abandonar otras causas hasta eliminar la pobreza, sino que la obligación hacia el territorio nace de la comunidad y no al revés. Por eso, cualquier argentino sumido en la pobreza plantea ya una cuestión nacional. El número determina la escala del problema, no la obligación misma.

El politólogo se pregunta qué haría el Estado si considerara la pobreza de un argentino una lesión a la Nación tan real como la pérdida de una parte de su territorio. Qué Consejo Nacional crearía, qué leyes sancionaría, qué inversiones priorizaría y en qué gastos incurriría. Señala que la gravedad de una causa no se mide por la cantidad de organismos, normas o partidas que produce: una estructura puede ocultar la incapacidad de coordinar las existentes; una ley, el incumplimiento de derechos ya reconocidos; un gasto, la ausencia de resultados. La obligación no es multiplicar instrumentos estatales, sino producir resultados.

Menciona que alimentación, salud, educación, vivienda, infraestructura básica y trabajo no son capítulos de la política social, sino condiciones para pertenecer efectivamente a la comunidad a la que ya se pertenece jurídicamente.

El artículo concluye que no se trata de oponer Malvinas a los pobres, sino de preguntar qué convierte una causa en nacional y qué orden guardan las obligaciones. Una causa es nacional porque afecta algo que pertenece a la Nación, pero lo es antes que nada cuando afecta a quienes la constituyen. Plantea que se puede considerar irrenunciable cada porción del territorio nacional, pero entonces hay que explicar por qué no se considera igualmente irrenunciable a cada miembro de la comunidad. «No alcanza con ejercer soberanía sobre un territorio si no se la convierte en protección efectiva de quienes viven en él. Un argentino en situación de pobreza es un argentino sin soberanía», afirma. Y cierra: «Las Malvinas son argentinas. Los pobres también».

*Politólogo.

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