Políticas de energía limpia avanzan en 33 países tras la guerra con Irán, pero las emisiones globales suben 0,2%

Gobiernos de Europa, Asia y América adoptaron medidas para reducir el uso de combustibles fósiles después del inicio del conflicto en febrero, según la Agencia Internacional de la Energía. La inversión global en energía eólica y solar cayó en la primera mitad de 2026, mientras las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron marginalmente.

La guerra con Irán, iniciada en febrero por Estados Unidos e Israel, derivó en la adopción de políticas de energía limpia por parte de más de 30 gobiernos, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Hasta el 9 de septiembre, 33 gobiernos habían implementado medidas para sustituir combustibles fósiles por electricidad o mejorar la eficiencia energética, según el organismo. Entre las acciones se incluyen incentivos para vehículos eléctricos, promoción de energías renovables, reemplazo de calderas de gas por bombas de calor eléctricas y reacondicionamiento de viviendas y empresas para reducir el consumo energético. Holanda, España y Reino Unido ya aplican la totalidad de las medidas incluidas en esa lista.

En Asia, China trabaja en la eficiencia energética de la industria pesada e impulsa la electrificación de vehículos pesados. India e Indonesia comenzaron a adoptar estufas eléctricas para reemplazar el gas licuado de petróleo importado como combustible para cocinar. Laos suspendió las importaciones de automóviles nafteros y diésel durante 2026 para promover los vehículos eléctricos.

Pese a estas políticas, las emisiones globales de gases de efecto invernadero aumentaron un 0,2% en la primera mitad de 2026 en comparación con el mismo período de 2025, según la base de datos Climate TRACE. La organización registró un incremento en las emisiones del transporte por carretera y una disminución en las del sector eléctrico y del transporte marítimo, esta última probablemente vinculada al cierre del estrecho de Ormuz.

La inversión global en el despliegue de energía eólica y solar cayó en la primera mitad de 2026 respecto del mismo período del año anterior, tras varios años de crecimiento, de acuerdo con el Clean Investment Monitor del Rhodium Group. China concentró la mayor parte de esa caída. En Estados Unidos, Europa e India, donde las economías están más expuestas a los precios del gas y el petróleo, la inversión solar creció y la eólica se mantuvo estable o aumentó, según Hannah Pitt, directora en Rhodium.

Pauline Heinrichs, profesora de estudios sobre la guerra en el King’s College London, escribió en un correo electrónico: «Actualmente, los gobiernos oscilan entre reconocer la importancia de la energía limpia y, al mismo tiempo, seguir apoyando la expansión de los combustibles fósiles». Y agregó: «Vemos cómo interactúan un mundo viejo y uno nuevo que se contradicen entre sí».

El Reino Unido registró un aumento de instalaciones solares y su gobierno evalúa ampliar la producción de gas natural. Indonesia avanza en la sustitución de algunas centrales eléctricas diésel por energía solar, al tiempo que incrementa el uso de carbón para industrias pesadas.

Rob Jackson, climatólogo de la Universidad de Stanford, había declarado en febrero que era «simplemente un pensamiento ilusorio» creer que la guerra aumentaría el apoyo a las energías renovables nacionales frente a los combustibles fósiles importados, a menos que el conflicto se prolongara. Seis meses después, Jackson señaló que no preveía que los precios del petróleo se mantuvieran tanto tiempo por encima de 90 o 100 dólares por barril. Añadió que si decenas de países promueven incentivos para vehículos eléctricos, infraestructura de carga y electrificación en general, eso puede contribuir a la lucha contra el cambio climático, pero solo si esas acciones se sostienen. «Necesitamos mantener esa acción durante años, incluso décadas, para lograr un impacto en el problema climático», expresó el lunes.

Los importadores de combustibles fósiles pagaron precios 330.000 millones de dólares más altos en comparación con las expectativas del mercado previas a la guerra, lo que lo convierte en el mayor impacto de precios sostenido desde la Guerra del Golfo de 1990, según una investigación del Centre for Research on Energy and Clean Air. La Unión Europea, China e India fueron los que más pagaron. El mismo estudio calculó que los países que invirtieron en energía limpia tras crisis energéticas anteriores ahorraron alrededor de 36.000 millones de dólares en importaciones de combustibles fósiles durante los primeros cinco meses del conflicto. China y Japón fueron los que más ahorraron, seguidos por España, Francia, Italia, Holanda, Brasil e India.

Caspian Conran, economista principal de la consultora global Baringa, afirmó que los gobiernos buscan protegerse de la volatilidad geopolítica y de la inestabilidad de los precios de los combustibles. Señaló que China sabe que puede apoyarse en el carbón y que a Estados Unidos no se le agotará el gas natural doméstico. Los políticos europeos sienten la mayor urgencia por adoptar nuevas políticas energéticas porque su producción de combustibles fósiles es limitada, sostuvo Conran. «Simplemente no tenemos opción», declaró.

Michael Oppenheimer, profesor de clima y asuntos internacionales en Princeton, escribió en un correo electrónico: «Es muy pronto para decir si la guerra producirá una ganancia neta para las energías renovables o para los combustibles fósiles». Y añadió: «Sin embargo, una cosa está clara. Cuando comenzaron los problemas, mucha gente dijo que habría una carrera hacia otras fuentes de combustibles fósiles, disponibles de inmediato, para reemplazar el petróleo del golfo Pérsico y compensar el aumento de precios, lo que presumiblemente enterraría cualquier ganancia en energía libre de carbono. En cambio, en este momento, parece que los acontecimientos podrían terminar dando una victoria neta a las energías renovables».

Samantha Gross, investigadora de la Brookings Institution, sostuvo que la guerra está cambiando la manera en que las personas piensan sobre la transición para dejar atrás los combustibles fósiles: ya no es solo por el clima, sino una estrategia de seguridad energética. «Eso amplía el atractivo», afirmó. «Incluye no solo a las personas preocupadas por el lado ecológico, sino a las personas preocupadas por la seguridad pura y dura».

Gross también se refirió al enfoque del presidente Donald Trump, que aleja a Estados Unidos de las energías renovables: «El gobierno de Trump se ha centrado mucho en los combustibles fósiles, pero desde que iniciaron este conflicto, hay que preguntarse: ¿esto es bueno para los combustibles fósiles? Y, en resumen, realmente creo que no», dijo. «Porque los precios altos y la incertidumbre provocados por esta guerra ayudan a impulsar a otros países a alejarse de los combustibles fósiles».

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