El primer ministro canadiense, Mark Carney, mantiene conversaciones con líderes europeos para profundizar lazos políticos y comerciales, aunque la adhesión formal enfrenta obstáculos legales.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, declaró en una entrevista con The Wall Street Journal que desde hace meses mantiene conversaciones con varios dirigentes europeos para explorar «las posibilidades más ambiciosas posibles» de alcanzar una relación más estrecha entre Canadá y la Unión Europea.
Carney mencionó la figura de «país asociado», que no existe en el Derecho europeo ni en la práctica política de las instituciones del bloque. El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea establece que la adhesión como Estado miembro está limitada a «cualquier Estado europeo».
Diplomáticos confirmaron las conversaciones y señalaron que son informales. Indicaron que la posibilidad de que Canadá sea un Estado miembro choca con las intenciones de los europeos y con los tratados fundacionales, aunque estos podrían reformarse si fueran el único obstáculo. Asimismo, sostuvieron que Canadá podría aspirar a una relación similar a la de Noruega, aunque ven esa opción con escepticismo.
Noruega participa desde hace décadas en programas europeos y aporta financieramente a los mismos. Sus productos y servicios tienen libre acceso al mercado europeo y el país integra el área de libre circulación de personas. No está obligada por algunas políticas y no utiliza el euro. Las fuentes indicaron que el modelo con Noruega se diseñó para facilitar una eventual adhesión.
Canadá comercia principalmente con Estados Unidos y su relación oficial con la Unión Europea es limitada, similar a la de Argentina, vinculada por el tratado de libre comercio entre los europeos y el Mercosur.
Carney será el invitado principal al debate sobre el estado de la Unión Europea que se celebrará este miércoles en la sede de Estrasburgo del Parlamento Europeo.
El primer ministro canadiense busca una relación más profunda que la actual, que abarque más sectores y políticas, y permita a su país diversificar relaciones comerciales. En la entrevista, afirmó que no busca la adhesión formal a la Unión Europea, sino «una alianza única» basada en valores compartidos, prioridades políticas y economías complementarias.
Las negociaciones buscarían que la circulación de mercancías, trabajadores y servicios sea prácticamente libre entre Canadá y Europa, permitiendo a los canadienses viajar, establecerse y trabajar en Europa, y a los europeos hacerlo en Canadá. También incluirían acuerdos sectoriales avanzados, como la integración de Canadá en infraestructuras tecnológicas, de redes, de almacenamiento y supercomputación europeas.
Los diplomáticos implicados discutirían sobre nuevos cables submarinos, redes satelitales e infraestructuras para exportar hidrocarburos y minerales hacia Europa. Canadá es el único país no europeo que participa en SAFE, el programa europeo de financiación de compras militares.
Las conversaciones se dan en un contexto de diferencias entre Canadá y el gobierno de Donald Trump, lo que lleva al país a buscar socios fuera de su entorno.
