La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió que el acoso escolar se extiende al ámbito digital y presentó datos de encuestas nacionales e internacionales. El documento incluye recomendaciones para familias, escuelas y equipos de salud.
Buenos Aires, 6 septiembre (NA) – El bullying ya no termina necesariamente cuando suena el timbre de salida de la escuela. Una burla, exclusión o humillación iniciada en el aula puede continuar durante la tarde y la noche en WhatsApp, redes sociales o plataformas de videojuegos, y alcanzar al niño o adolescente en su casa, durante la cena o antes de dormir.
Así lo señala un documento emitido por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que advierte que las situaciones de violencia entre pares adquieren características “híbridas”, con continuidad entre el espacio físico y el digital.
Según el informe, un conflicto nacido en el aula puede amplificarse en la red y redefinir las relaciones escolares al día siguiente. Los contenidos digitales pueden llegar a cualquier hora, alcanzar nuevas audiencias y dejar una huella difícil de eliminar.
Cifras sobre violencia entre pares
Las Prueas Aprender 2023, realizadas con 614.817 estudiantes de sexto grado de 19.272 escuelas estatales y privadas de Argentina, indican que el 63% reportó haber sufrido al menos una situación de agresión o violencia durante ese año, en la escuela o en redes sociales.
El 56% dijo haber presenciado agresiones entre compañeros, el 34% reconoció haber agredido a otro estudiante y el 36% manifestó haberse sentido discriminado.
Por su parte, la novena ronda de la Encuesta Rápida de UNICEF Argentina señala que la proporción de adolescentes de 13 a 17 años que reportó haber sufrido acoso pasó del 25% al 41% entre 2024 y 2025. El 37% tenía al menos un compañero que atravesó una situación de bullying y el 14% afirmó haberlo sufrido personalmente.
Desde la SAP indicaron que los relevamientos estudian poblaciones y fenómenos diferentes, por lo que sus porcentajes no son directamente comparables, pero en conjunto permiten dimensionar la presencia de distintas formas de violencia y acoso entre pares.
Declaraciones de especialistas
La Dra. Silvina Pedrouzo, médica pediatra y especialista en Desarrollo Infantil, afirmó: “Uno de los cambios que más nos preocupa es que hoy el bullying puede continuar fuera de la escuela, extenderse a las redes y acompañar al niño o adolescente durante gran parte del día. Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso”.
Agregó: “Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño”.
El Dr. Sergio Snieg, médico pediatra e integrante del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP, sostuvo: “El mismo dispositivo que utiliza para hablar con sus amigos puede convertirse en una vía permanente de hostigamiento. Por eso tenemos que comprender que lo digital no es una realidad separada: lo que sucede en una pantalla puede producir sufrimiento y consecuencias concretas sobre la salud”.
Elaboración del documento
El documento fue elaborado por los Comités de Pediatría General Ambulatoria, de Estudios Permanentes en Adolescencia y de Pediatría Social; las Subcomisiones de Tecnologías de la Información y la Comunicación, de Salud Mental, de Humanidades y de Derechos de la Niñez y la Adolescencia; y el Grupo de Trabajo de Salud Escolar.
La publicación forma parte de una campaña de prevención que la institución llevará a cabo del 7 al 12 de septiembre con comunicaciones en redes sociales.
El trabajo aclara que no toda pelea o conflicto entre compañeros constituye bullying. El acoso escolar se caracteriza por la intención de causar daño, su repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que dificulta la defensa de la persona agredida. Puede expresarse mediante violencia física, verbal o relacional.
El informe indica que una agresión aislada no debe ser desatendida: toda situación de violencia entre pares requiere intervención de los adultos. Minimizarla como experiencia propia de la infancia puede contribuir a que continúe o se agrave.
No existe un único perfil de quien ejerce el acoso. Puede presentarse tanto en alumnos con problemas de conducta como en estudiantes integrados y con buen desempeño académico. El grupo de pares cumple un papel decisivo: quienes observan, alientan o participan pueden sostener la dinámica. El bullying pierde fuerza cuando deja de encontrar audiencia y apoyo.
La Dra. Ana Laura Tellechea, médica pediatra y secretaria del Comité de Pediatría Social de la SAP, explicó: “Un error frecuente es reducir la situación a dos chicos: quien agrede y quien es agredido. El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre”.
Agregó: “Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema, que enfrente al agresor o que responda con otra agresión”.
Características del ciberbullying
En el ciberbullying, el hostigamiento intencional y reiterado se traslada al ecosistema digital. Puede incluir mensajes de odio, burlas, acecho, votaciones para humillar, perfiles falsos, suplantación de identidad, difusión no consentida de información privada, exclusión de grupos y manipulación de fotografías, videos o memes.
El documento menciona la utilización de herramientas de inteligencia artificial para potenciar la manipulación de contenidos. El entorno digital puede amplificar el daño: una publicación puede ser vista y compartida por una audiencia mayor que la de un aula, permanecer en el ciberespacio y ser difícil de borrar. El anonimato mediante perfiles falsos y la ausencia de contacto cara a cara agregan dificultades.
El Dr. Juan Pablo Bria, integrante del Comité de Estudios Permanentes en Adolescencia (CEPA) de la SAP, sostuvo: “Una agresión digital no es menos real porque ocurra detrás de una pantalla. Para el niño o adolescente que la recibe, el impacto puede acompañarlo durante buena parte del día y generar un estado de alerta permanente”.
Añadió: “Por eso es importante que los adultos no minimicemos estas situaciones ni pensemos que apagar el teléfono alcanza para resolverlas. Necesitamos escuchar, contener y trabajar con la escuela, la familia y el grupo de pares para interrumpir esa dinámica”.
Señales y detección
Una encuesta realizada en el marco del Programa Convivencia Respetuosa entre Pares del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, difundida en noviembre de 2024, encontró que el 66,2% de 1.380 adolescentes de 12 a 18 años de escuelas públicas y privadas porteñas había sido víctima o conocía a alguien que sufrió bullying.
El 77,2% de esas situaciones ocurría en el ámbito escolar y el 33,8% en redes sociales. Frente a la pregunta sobre con quién hablaban si eran víctimas, el 24,4% respondió que con nadie.
La SAP advierte que el bullying y el ciberbullying pueden generar estrés crónico y manifestarse como cansancio, dolores de cabeza, dolor abdominal o vómitos. En el acoso escolar, algunos síntomas pueden aparecer el domingo por la noche, al despertarse o antes del ingreso a la escuela.
Otros signos de alerta incluyen alteraciones del sueño o de la alimentación, dificultades de aprendizaje, caída del rendimiento escolar, pérdida de interés por actividades habituales, baja autoestima, cambios del estado de ánimo y ansiedad. En casos graves pueden aparecer aislamiento, depresión, ideaciones de muerte e intentos de suicidio.
También se observan regresos de la escuela con útiles o ropa dañados o con lesiones de explicación poco clara; aislamiento durante los recreos; refugio frecuente en el baño o la biblioteca; pedido de cambio de escuela sin motivos evidentes o exclusión de festejos, actividades y grupos. En el ciberbullying, algunos chicos pueden entrar en estado de alerta permanente y revisar compulsivamente el teléfono.
La SAP desaconseja pedirle al niño o adolescente que enfrente por sí mismo a quien lo hostiga, que “se haga respetar” mediante la violencia o que devuelva la agresión. Tampoco considera el cambio de escuela una solución automática: si la institución no aborda la dinámica que permitió el acoso, el problema puede repetirse con nuevas víctimas.
Ante el ciberbullying, la recomendación es contener al niño o adolescente, rechazar cualquier idea de venganza, conservar las evidencias, bloquear y reportar los contenidos y articular acciones con la escuela y los adultos responsables.
El abordaje debe incluir también a quien agrede y al grupo de pares desde una perspectiva educativa y reparadora, evitando volver a exponer a la víctima o aumentar el riesgo de represalias.
