La producción del Royal Ballet de Londres se presenta en el Teatro Colón con la participación del Ballet Estable. Coreógrafos y compositores detallaron el proceso de adaptación.
El ballet «Alicia en el País de las Maravillas», con coreografía de Christopher Wheeldon y música de Joby Talbot, se presenta en el Teatro Colón de Buenos Aires. La producción, originalmente estrenada por el Royal Ballet de Londres, llega en una versión realizada junto al Ballet Estable del teatro.
Durante la presentación de la producción, Wheeldon declaró: «Esta producción llega íntegramente desde una coproducción entre Suecia y Dinamarca. Con el paso de los años fuimos realizando pequeños ajustes. Cuando estrenamos Alice originalmente tenía una estructura diferente; con el tiempo hicimos algunas modificaciones y pequeños recortes para que el espectáculo fluyera mejor. En esta versión redujimos ligeramente la duración e hicimos algunos cambios pensando también en el público.»
Wheeldon agregó: «El verdadero desafío no estuvo allí, sino en trasladar una producción de este tamaño hasta Buenos Aires. Había que conseguir que todos los elementos llegaran en buenas condiciones después de un viaje tan largo y evitar que el equipo técnico tuviera que hacer demasiadas reparaciones una vez aquí. En cuanto a la coreografía, el elenco del Teatro Colón se adaptó muy bien al lenguaje de la obra.»
Joby Talbot, compositor de la obra, afirmó: «Para mí fue impactante entrar por primera vez al auditorio. Es un teatro de una belleza extraordinaria, pero la verdadera emoción llega cuando la orquesta empieza a tocar. La acústica de esta sala es excepcional.»
Talbot explicó que cada personaje tiene su propia identidad musical. «Cuando comenzamos a hablar sobre cómo transformar esta historia en un espectáculo de larga duración, llegamos muy rápido a una conclusión: necesitábamos un hilo conductor. Porque el libro de Lewis Carroll está construido como una sucesión de episodios», sostuvo. «Por eso apareció la historia entre Alicia y la Sota de Corazones. Ese vínculo nos dio un recorrido emocional que atraviesa toda la pieza.»
Wheeldon señaló que el lenguaje visual buscó «respetar el universo victoriano de Lewis Carroll, pero que al mismo tiempo se sintiera contemporánea, fresca y llena de color».
El coreógrafo también mencionó su vínculo personal con la obra: «En mi casa había una primera edición del libro. Era un verdadero tesoro familiar. Cuando era niño tenía miedo a la oscuridad. Para poder dormirme escuchaba grabaciones en cassette de distintos libros. Durante dos o tres años, prácticamente todas las noches, escuché Alicia en el País de las Maravillas antes de dormir.»
