Docentes e investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA desarrollaron un proyecto de divulgación para promover una alimentación saludable en colegios secundarios y despertar el interés de los estudiantes por la ciencia.
Buenos Aires, 8 julio (NA) – Docentes e investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrollaron un proyecto de divulgación para promover una alimentación saludable en colegios secundarios y despertar el interés de los estudiantes por la ciencia, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.
La iniciativa surge como respuesta a la necesidad de acercar la ciencia a la comunidad, especialmente a adolescentes y jóvenes, y de formar profesionales universitarios capaces de comunicar su conocimiento de manera clara, responsable y comprometida.
Graciela Calabrese, bioquímica y doctora de la UBA, profesora asociada a las cátedras de Biología Celular y Molecular del Departamento de Ciencias Biológicas, sostuvo: “A partir de esta premisa se elaboró una propuesta que permite promover el intercambio entre la universidad y la educación secundaria. El diseño integral de las actividades se construyó bajo el concepto de diálogo de saberes. Por un lado, los docentes y estudiantes universitarios de Farmacia y Bioquímica aportan sus conocimientos en ciencia y tecnología de los alimentos. Por otro lado, los estudiantes secundarios comparten sus percepciones, dudas y experiencias sobre lo que consumen día a día”.
Junto a Calabrese, las doctoras Laura Beatriz López, Carola Greco y Carolina Cagnasso coordinan esta experiencia, que involucra diferentes áreas del saber: biología celular y molecular, bromatología, farmacobotánica, fisiopatología, química biológica y química orgánica 1 y 2.
La actividad se desarrolla a través de talleres experimentales que se realizan en escuelas secundarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y de la Provincia de Buenos Aires, o bien en los laboratorios de la Facultad. Cada jornada tiene una duración de cuatro horas y se organiza en un sistema de estaciones de trabajo, en las que pequeños grupos de estudiantes rotan para realizar diferentes experiencias.
Las temáticas abordadas incluyen: la genuinidad y el estado de conservación de productos cárnicos, lácteos y farináceos; la interpretación del rotulado nutricional frontal; la extracción de ADN a partir de frutas y su relación con la biotecnología; la observación microscópica de especias como pimentón y orégano para detectar adulteraciones; y el uso de indicadores de pH y su aplicación en la conservación de alimentos o la producción de carne cultivada en laboratorio.
Calabrese afirmó: “Cada experiencia está diseñada para promover la observación, la formulación de hipótesis, la experimentación y la elaboración de conclusiones, pasos esenciales del pensamiento científico, pero, sobre todo, se busca mostrar que la ciencia no es un conjunto de fórmulas abstractas, sino una herramienta para entender y mejorar aspectos concretos de la vida diaria, como lo que comemos y cómo lo elegimos”.
La educadora argentina María Nieves Tapia declaró: “En un contexto donde la desinformación y las noticias falsas sobre alimentación se propagan con facilidad, este tipo de experiencias se vuelve indispensable. Promover la alfabetización científica, enseñar a leer una etiqueta o a interpretar un experimento simple son formas de empoderar a las personas para que tomen decisiones más informadas y saludables”.
