La escritora viguesa María Oruña lanzó ‘La Cámara de las Maravillas’, una novela de intriga que transcurre en Madrid y aborda el mundo del arte, el tráfico de obras y la labor de la Brigada de Patrimonio Histórico.
Vigo, 30 may (EFE).- De su Vigo natal, escenario de ‘El Albatros Negro’, María Oruña pasa en poco más de un año al Madrid de la alta sociedad y el arte en ‘La Cámara de las Maravillas’ (Plaza&Janés), su nueva novela de intriga, fascinada por uno de sus personajes, un ladrón de guante blanco, aunque ella dice codiciar «más la historia que hay detrás de los objetos que el objeto en sí».
En el Museo Marco de Vigo atendió a EFE y contó que visitar «muchísimas» de estas galerías en toda Europa le llevó a cuestionarse «qué había detrás» de los tratantes de arte y de esos cuadros que valen «millones de euros».
Un mundo en el que se adentró cuando, al investigar para otros libros, descubrió que existía una Brigada de Patrimonio Histórico en España, ubicada en Madrid «y con apenas 20 personas». Ese cuerpo policial fue una de las cuestiones que más le sorprendieron al documentarse.
Allí, la inspectora jefa la recibió «con los brazos abiertos y como muy sorprendida de que alguien se interesara en su trabajo». A la autora le dejó «asombrada» que nadie escribiera de ellos. «Llevan casos como todo de película», expresó.
La trama se teje en un «triángulo» que le ha dado «mucho» juego, con Dimas Chevalier en uno de los vértices, el ladrón de guante blanco que le resultó «difícil de perfilar para que fuese tan creíble». Ella, que dice no tener «ningún ánimo delictivo», reconoció que le «fascina el ingenio» de este tipo de ladrones que, «sin violencia», logran su botín.
Junto a Chevalier, un inspector «muy excéntrico, que se cree que es muy listo y siempre está citando autores de misterio, como Agatha Christie». Es asexual, extraño, vive con su gato y se las «va a ver» con Mencía, la única normal de la novela, una policía que no entiende «muy bien a qué viene tanto revuelo por unas obras» de arte.
Y en paralelo, la familia Mendoza, la que «maneja el palacio donde sucede todo», que está en la élite del mundo del arte y tiene galerías.
Detrás de «casi todos los nombres» hay una «inspiración muy clara», raíces romanas. Oruña concedió una pista: llevan un «doble mensaje» que ayudará a descifrar si cada uno de ellos «es de los buenos o de los malos».
Para ambientarla escogió Madrid, donde podía encontrar esas conexiones para el comercio internacional del arte. Allí, entre los palacios que sondeó, se decidió por el de Linares, la actual Casa de América, transformado en su Palacio Dorado.
El libro también transcurre por el Jardín Botánico, la Iglesia de los Alemanes, la Plaza de Santa Ana o el Museo Thyssen. Así, el lector puede comprobar que el libro, allí, «cobra vida».
La trama aúna «elegancia, misterio e intriga», una provocación constante al lector, al que intenta «engañar sin hacer trampa», con un juego de «espejos» que le ha resultado todo un desafío, pero también una diversión. Para ello ha analizado cómo trabajan restauradores, artistas y marchantes o cómo funcionan las subastas.
Para Oruña, «lo que se codicia casi nunca es realmente el dinero o el comprar cosas lujosas, sino el estatus», el que «te reserven la mesa concreta» en un restaurante o «poderte manejar de determinada forma en una jerarquía social». «Por mucho que lo neguemos y por muy modernos que seamos», subrayó, la sociedad sigue funcionando así.
Y aunque no defendería con su vida ninguna de las joyas que posee, a Oruña le dolería que le arrebataran un anillo de oro «muy original y extraño» que compró su abuela «cuando tuvo ahorros» y al que guarda cariño por la historia que lleva implícita.
«Yo codicio más las historias de los objetos que los objetos en sí», confesó la escritora viguesa, que dijo no sentir «presión» ante el ritmo de producción que lleva en los últimos años -su anterior novela salió en marzo de 2025-.
