El regreso de Miranda Priestly y Andy Sachs con la secuela de El diablo viste a la moda reaviva el interés por las películas que, desde el humor, retratan el excéntrico universo de la moda.
De ser las figuras más buscadas a las ultra repetidas. Ese raudo pasaje es el que mejor define la transición de Meryl Streep y Anne Hathaway por estos días. Y la razón para que aparezcan multiplicadas en las pantallas de todo el planeta es que ambas actrices, en sus icónicos roles de Miranda Priestly y Andy Sachs —la severa editora de la revista de moda Runway y la aspirante a reportera, respectivamente— están de regreso con la presentación mundial de El diablo viste a la moda 2 (The Devil Wears Prada 2), la tan esperada secuela del emblemático largometraje estrenado hace exactamente dos décadas.
Si la película inicial narró el ámbito laboral hostil que tuvo que soportar Andy en la redacción de esa publicación, incluidas las desavenencias con Emily (Emily Blunt) y Nigel (Stanley Tucci), que al mismo tiempo ridiculiza aspectos relativos a la industria de la indumentaria, en esta segunda parte —nuevamente dirigida por David Frankel y con guion de Aline Brosh McKenna— el foco está puesto en cómo Miranda se verá afectada por el inevitable devenir de los medios gráficos tradicionales.
Más allá de los giros en la trama y las incorporaciones en el elenco, el impacto de este film también está en todo lo que genera en el fuera de campo, en todo lo que sale de la pantalla. A los y las fanáticas les interesa tanto lo que pasa en la historia como todo aquello que lo retroalimenta en, por ejemplo, los looks y accesorios que muestran y sobre todo las tendencias de las que se hablará durante décadas. Ya pasó con el célebre suéter color cerúleo que viste el personaje de Andy como vestuario en la primera parte y que ahora la propia Meryl Streep tomó de referencia para llevar uno muy parecido, hecho por la firma J. Crew, al late night show de Stephen Colbert.
Se anticipa que algo parecido puede llegar a suceder, a partir del segundo film, con el vestido de la diseñadora uruguaya Gabriela Hearst y el sombrero de paja con el que Andy aparece en la escena de los Hamptons, por ejemplo, o los aros plateados en forma de argolla que Streep compró en la cadena de farmacias CVS para completar un look de Miranda. Aunque, para delirio de los fashionistas, el summum de esos sucesos, que contrastan ficción y realidad, se dio con la aparición conjunta de Streep (Miranda) y Anna Wintour en la portada de abril de la revista Vogue norteamericana, entrevistadas por Greta Gerwig (directora de Mujercitas y Barbie, entre otras). El gran guiño para los espectadores estuvo en que esa publicación fue dirigida durante cuatro décadas por Wintour, justamente la jefa desalmada en la que se inspiró Lauren Weisberger para escribir The Devil Wears Prada, el libro a partir del cual surgió la primera película.
Bienvenido sea este estreno, entonces, para revisitar cuáles fueron las películas que antes, incluso setenta años atrás, retrataron el mundo de la moda y todo lo que esta trae aparejado: diseñadores, fotógrafos, estilistas y, por supuesto, consumidores. La mayoría de estos films, o al menos los más recordados, fueron realizados en clave de humor, con una mirada aguda sobre la industria de la indumentaria e inspirados en el ida y vuelta a propósito de hechos y personajes reales —casi en todas las producciones aparece caricaturizada una reportera especializada en moda—.
La lista está encabezada por Funny Face (en nuestro país se llamó La cenicienta en París) de 1957. Protagonizada por la gloriosa pareja de Audrey Hepburn y Fred Astaire, en los roles de la joven intelectual Jo Stockton y el fotógrafo Dick Avery, respectivamente, no sería uno de los films más emblemáticos de la moda del siglo XX si no fuera por el trabajo de la vestuarista Edith Head y el ingreso definitivo de Hubert de Givenchy como el diseñador predilecto de la actriz de origen belga. Alcanza con repasar los outfits inolvidables con los que aparece la protagonista, ya sea el conjunto beatnik total black de pantalón al tobillo, sweater de cuello alto y mocasines, el conjunto rojo descomunal con el que baja las escalinatas del Museo del Louvre, o el imborrable vestido de novia con velo incluido. Los papeles principales también rinden homenaje a las pasarelas; de hecho, Dick (Astaire) está basado en nada menos que la figura de Richard Avedon (quien además realizó la gráfica de la película), lo mismo Maggie Prescott (Kay Thompson) al frente de la revista Quality, creada en torno a Diana Vreeland, la editora (en Vogue primero y Harper’s Bazaar después) que antecedió en el tiempo y los artilugios a la mítica Wintour.
¿Quién eres, Polly Maggoo? (Qui êtes-vous, Polly Maggoo?, 1966) es otra de las que se volvieron imprescindibles para bucear en la escena fashion de antaño. Tal es así que Isidore Ducasse, el modisto ficticio creado para el film, aunque salvando las distancias, por el estilo de la vestimenta que hace, puede ser tranquilamente asociado con el diseñador futurista Paco Rabanne. ¿Qué se muestra? Prendas de corte geométrico exageradas y aspecto metálico, ajustadas por el propio creador con una tenaza.
