El abogado y emprendedor gastronómico Leandro «Leno» Volpe, conocido por sus proyectos como Ribs al Río y Burgermanía, acaba de inaugurar Felisa, una parrilla «sin pretensiones» en el barrio de Colegiales. En diálogo con Síntesis Informativa, habla sobre su trayectoria, su rechazo a la etiqueta de influencer y su mirada crítica sobre la industria.
Leandro «Leno» Volpe, abogado de formación y emprendedor serial, ha vuelto a moverse en el ámbito gastronómico porteño con la apertura de Felisa, una parrilla ubicada en el barrio de Colegiales. El local, que define como «sin pretensiones», es el resultado de una sociedad con Andrés «Rolo» Rolando —fundador de espacios como Trade, Uptown y Nicky Harrison— y con Justine Devroey y Bruno Carosella, dueños del restaurante Funga, especializado en hongos.
Volpe, que también es conocido por su activa presencia en redes sociales bajo el perfil @clubleno, asegura que su interés por la gastronomía viene desde la infancia. «Mi abuela era portuguesa y mi papá también cocinaba. Nunca comprábamos comida ni pedíamos delivery», recuerda. Sin embargo, eligió estudiar derecho para separar el hobby del trabajo. «La gastronomía es muy física; prefiero usarla como ocio», explica.
Su primer gran proyecto fue el blog 101 hamburguesas que tenés que probar antes de morir, que luego se convirtió en libro y derivó en el festival Burgermanía, declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña. A pesar del éxito, Volpe rechaza la etiqueta de «influencer». «El 95% de los influencers son publicistas a los que les pagan para promocionar algo. A mí me ofrecieron plata, pero me pedían que dijera cosas que no quería decir», afirma.
En su perfil de Instagram se define como «crítico gastronómico», un rol que reconoce complejo en Argentina. «Un porcentaje muy alto de los negocios son pymes; si decís que es malísimo, perjudicás a seres humanos reales. Pero también me da bronca que el crítico no piense en el trabajador que tiene un tiro por mes y no sabe dónde ir a comer», sostiene.
Volpe no esquiva la polémica. En el pasado se enfrentó a Germán Martitegui por sus críticas al restaurante Ácido, y recientemente cuestionó la falta de hospitalidad en el rubro tras una experiencia personal en la que no lo dejaron sentarse en una mesa para cuatro, a pesar de que el local estaba vacío. «¿Por qué me tratás mal? Históricamente se trató bien al cliente; es lo único bueno que tenemos», reflexiona.
Con Felisa, Volpe busca ofrecer un espacio accesible y de calidad, alejado de las pretensiones. «La gente no viene a que le dé una lección», concluye.
