El Círculo de Periodistas Agropecuarios de Córdoba organizó una exposición con referentes del sector frutihortícola, quienes describieron las características de la actividad y los factores que inciden en su desarrollo.
El Círculo de Periodistas Agropecuarios de Córdoba (Cipag) organizó un encuentro en el que referentes del sector frutihortícola expusieron sobre la actividad. La primera en intervenir fue Betina Ernst, quien se refirió a los mercados y consumidores. Luego expusieron el analista Federico Ocantos y el empresario Jorge Cervi, moderados por la periodista Ana Laura Campetella.
Los datos presentados indican que el consumo de frutas está estancado y que la mitad del consumo corresponde a banana. La naranja y la mandarina son de precio accesible, y se han creado segmentos de crecimiento dinámico, como los frutos del bosque y las paltas.
Federico González Ocanto, integrante de Datos Alfa, describió al sector frutihortícola como muy distinto a otros del agropecuario, con dinámicas propias. Señaló que frutas y verduras tienen diferencias en escalas, riesgos, prácticas y enclaves productivos, y que ambos construyen sus números con un transporte de peso creciente en la estructura de costos. Añadió que el sector padece una falta de información, análisis y previsibilidad, agudizada por el abandono de áreas especializadas por parte del Inta.
Respecto del tomate, indicó que se produce en todo el país, con importancia en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, y parte de la oferta en el norte argentino. “El principal problema son las distancias y la estacionalidad. Primero llega la producción bonaerense, luego la región central y el norte del país. Esto implica impacto en distancias y destinos, tanto a fresco como a industria, y siempre cuanto más tiempo se tarde en llegar a los centros de consumo, tendrá un impacto fuerte en la calidad”, afirmó.
En papa, señaló que la estacionalidad tiene menos incidencia. Hasta agosto provee Buenos Aires, luego Córdoba, San Luis, el norte argentino y a fin de año el resto de las provincias. Mencionó que hay productores de distinta escala y que el destino puede ser consumo fresco o industria, y que es posible almacenarla en cámaras para disponerla en épocas de menor oferta.
Sobre los precios, sostuvo que el tomate tiene un precio semanal de perita con comportamiento irregular, con picos y caídas, dependiente del clima y la cosecha. La estacionalidad impacta en el precio y la logística es importante, y su cotización es sensible a la demanda de la industria. “Los precios nominales de la papa tuvo el año pasado un escenario de catástrofe, pues en 2025 fue menor al del año anterior y mucha mercadería se terminó desechando al no poder ser absorbida por la demanda”, consignó.
Jorge Cervi, presidente de Mario Cervi e Hijo S.A., empresa que produce peras y manzanas en el Alto Valle de Río Negro en 1.200 hectáreas, se refirió al contexto del sector. “La producción de peras y manzanas en Argentina se realiza en unas 35 mil hectáreas y llega a casi un millón 200 mil toneladas. En Río Negro la frutihorticultura tiene un peso importante y en Neuquén un poco menos”, describió.
Cervi indicó que uno de los debates es la búsqueda de nuevos mercados y que hay que estudiar dónde buscarlos. “En manzanas y peras hubo políticas de difusión de producción que permitió ganar nuevos mercados pero la aparición de Polonia, en pocos años satisfizo a Europa y exporta a otros sitios. El tema es cómo encontrar mercados para tal producción”, planteó.
“Plantamos un frutal que tarda 8 años en producir y los escenarios cambiarios han tenido un impacto negativo, donde el dólar bajo o alto ha impedido planificar la política comercial. Lo mismo referido a las variedades que se plantan y cómo enfrentan las demandas cambiantes”, agregó.
Describió que el mercado cambia, con variedades sostenidas en el tiempo y otras denominadas variedades club, producidas para una sola cadena comercial. “Esto está combinado con las variaciones de precios y actividades de mercado de competencia perfecta, con muchos oferentes”, señaló.
Apuntó que la producción es 60% de peras y 40% de manzanas, y que la primera tiene más demanda de exportación. El año pasado fue de resultados negativos para este fruto, con sobreoferta del mercado internacional y una devaluación del real brasileño.
En una descripción del sector, Cervi sostuvo: “Hay una carga positiva muy alta en una cadena donde hay formalidad alta y un gran impacto de aporte y ART. La carga tributaria es de más del 28% y solo un reintegro del 4%. Muchos de estos tributos son municipales y provinciales”. Precisó que “hay una falta de infraestructura, a miles de kilómetros de centros de consumos y puertos para exportación”.
Otro elemento que mencionó son los costos de la energía: 0,3 kW por kilo de ruta empacado, paso de 2,5 a 7 centavos para conservar la fruta en energía eléctrica, con mano de obra intensiva, que en empaque representa un impacto de 25/28%.
Durante el encuentro se presentaron los siguientes puntos de diagnóstico del sector:
- Los costos están dolarizados y la rentabilidad está amenazada.
- Dificultades por la presencia de El Niño y heladas tardías.
- Ausencia de políticas públicas.
- Bajos niveles de inversión en logística e infraestructura.
- Cambios en la cadena de comercio minorista y mayorista.
- Necesidad de proponer innovaciones: snack, presentación, packaging y promociones atractivas.
Números del sector frutihortícola:
- 14 cultivos.
- 375 mil hectáreas.
- 145 kg de consumo per cápita.
- Consumo minorista de 8.500 millones de dólares contra 19 mil de la cadena cárnica.
