Informe sobre pobreza estructural: datos del INDEC y análisis de especialistas

Un libro editado por especialistas aborda la diferencia entre pobreza por ingresos y pobreza estructural, con datos sobre barrios populares, empleo informal y acceso a servicios.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó recientemente un informe que registra un aumento de la pobreza por ingresos en Argentina. El dato fue difundido en medio de un debate público sobre la medición de la pobreza.

Un libro recientemente editado, titulado Pobreza. La grieta que importa (Editorial Planeta), reúne análisis de especialistas en pobreza del país. La obra estudia las causas, características y consecuencias de la pobreza estructural, definida como la brecha entre quienes acceden a empleos estables, servicios de calidad y oportunidades de progreso, y un grupo creciente de personas en condiciones de exclusión social.

El punto de partida del libro es que la fijación del debate público en la pobreza por ingresos —el porcentaje de hogares que no alcanzan a cubrir la Canasta Básica Total (CBT) según el INDEC— desvía la atención de la pobreza estructural, uno de los problemas más acuciantes del país, según los autores.

El texto incluye el caso de Martín, un residente de Villa Itatí que consiguió empleo en un comercio. Sus ingresos, sumados a los de su esposa, superan el umbral de la CBT, por lo que para el INDEC esa familia dejó de ser pobre. Sin embargo, según el libro, su situación estructural no mejoró: el empleo es informal e inestable; la vivienda tiene techo de chapa, no accede a cloacas ni a gas y se inunda cuando llueve; y sus hijos caminan por calles de tierra para llegar a una escuela en mal estado.

La publicación señala que la realidad de Martín y su familia es similar a la de casi cinco millones de argentinos que habitan los 6.400 barrios populares del país. En esos barrios, el 92% no tiene conexión formal al agua corriente, el 97% no tiene cloacas y el 99% no tiene red de gas, de acuerdo con los datos citados en el libro.

El libro también aborda consecuencias sociales de la pobreza estructural. Indica que décadas de privaciones erosionaron vínculos familiares y sociales, y generaron desaliento. Señala que casi la mitad de los hogares vulnerables son monoparentales, generalmente a cargo de mujeres que deben generar ingresos y cuidar dependientes. Cuando esa carga las desborda, se traslada a los hijos mayores, con repercusión en su desempeño educativo.

Según una encuesta de CIAS-Fundar entre jóvenes de barrios populares citada en el libro, para el 43% trabajar es el principal obstáculo para cumplir sus metas educativas, y para el 30% lo es la necesidad de cuidar hijos u otros familiares o ayudar en su casa. El 59% de estos jóvenes mayores de 19 años no ha terminado el secundario.

Respecto de la escuela, los autores Hernández y Elizondo argumentan que, aun cuando intenta contener, termina desbordada y no puede por sí sola revertir lo que otras instituciones no lograron sostener. Sin una escuela que funcione como escalera de movilidad social, muchos jóvenes ya no creen que exista un futuro mejor para ellos, según el texto.

El libro también analiza el mercado de trabajo. Entre 2016 y 2025, el empleo asalariado informal creció el doble que el formal, con este último en caída desde finales de 2023. Gran parte de esa caída es contenida por el cuentapropismo, que subió en los últimos años. Estas modalidades de empleo son más inestables, con menos derechos y peores ingresos: en promedio, un asalariado informal tiene dos veces y media más probabilidades de ser pobre que uno formal. Entre 2015 y 2024, la tasa de informalidad entre los trabajadores asalariados de 15 a 24 años fue un 81,08% más alta que la del total de los asalariados.

El texto sostiene que el mercado de trabajo, la escuela y la familia, instituciones centrales que supieron estructurar la vida de los sectores populares, ya no contienen ni prometen un futuro mejor. Ese vacío pasó a ser ocupado progresivamente por el narco, que promete a los jóvenes ingresos suficientes, reconocimiento y sentido de pertenencia, según los autores.

En cuanto al rol del Estado, el libro afirma que en los últimos 25 años se consolidó un sistema de política social eficaz como red de contención que evita que los sectores excluidos caigan del todo, pero limitado como mecanismo de movilidad social ascendente. Los autores plantean la necesidad de una mayor inversión en mejores escuelas y barrios menos segregados para impulsar la movilidad social ascendente.

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