Sin quórum en la Unicameral de Córdoba por el caso Ludueña

El bloque Hacemos Unidos por Córdoba se retiró del recinto y dejó sin quórum la sesión en la Unicameral. El oficialismo reclama el apartamiento de la legisladora Alejandra Ferrero (UCR) hasta que se esclarezca la situación de un empleado legislativo detenido e imputado en una causa por delitos contra la integridad sexual. La oposición rechazó la comparación con el caso Flores y respaldó a Ferrero.

La sesión en la Legislatura de Córdoba quedó sin quórum este miércoles luego de que el bloque Hacemos Unidos por Córdoba se retirara del recinto. El oficialismo había llevado nuevamente al recinto el caso del empleado legislativo Omar Ludueña, detenido e imputado en una causa por delitos contra la integridad sexual, y reclamó el apartamiento de la legisladora Alejandra Ferrero (UCR) hasta que se esclarezcan las circunstancias.

La definición política en el recinto la fijó Julieta Rinaldi: mientras Ferrero no solicite licencia o sea apartada de su banca, el peronismo no dará quórum para sesionar. Con esa decisión, el PJ trasladó al funcionamiento de la Legislatura el conflicto abierto con la UCR por el caso Ludueña.

La ofensiva del cordobesismo se produjo después de que se conociera que Rodrigo de Loredo había designado a Ferrero como nueva presidenta del bloque radical en la Legislatura. La designación reafirma el perfil de la legisladora dentro del esquema deloredista y funcionó como un nuevo disparador del enfrentamiento con el oficialismo.

En ese escenario, una voz radical interpretó que la ofensiva del PJ puede terminar produciendo el efecto contrario al buscado: «Lo único que hacen es subirla en alza a Ferrero», resumió. La propia legisladora deloredista reafirmó a la prensa que no se apartará y rechazó el planteo del oficialismo.

El PJ renovó así su reclamo por la situación del empleado de planta permanente que cumplía funciones en el ámbito del bloque radical y estaba asignado al despacho de Ferrero. La discusión volvió a quedar atravesada por la comparación con el caso de Ramón «Cañito» Flores, cuya salida de la Legislatura había sido impulsada luego de que su asesor José Aníbal Ricardo Villarreal quedara detenido e imputado por abuso sexual infantil en Villa María de Río Seco.

Por su parte, Facundo Torres endureció el contrapunto y acusó a sectores de la oposición de haber aplicado una «doble vara» frente a ambos episodios. El jefe de la bancada oficialista sostuvo que el radicalismo había exigido responsabilidades políticas en el caso Flores y cuestionó que ahora rechazara trasladar ese mismo estándar al caso Ludueña.

El oficialismo también puso el foco sobre el vínculo político de Ludueña con el espacio de Rodrigo de Loredo. El objetivo político fue devolver el golpe recibido durante la crisis de Flores y correr el eje de la discusión hacia la responsabilidad de la oposición frente a un caso que involucra a un empleado legislativo vinculado con la bancada radical.

En su embestida contra la dirigente deloredista, la bancada oficialista redobló la ofensiva institucional con el proyecto de Leonardo Limia para que Ferrero sea apartada hasta que se esclarezcan las circunstancias relacionadas con Ludueña. El planteo se convirtió en una de las herramientas centrales del PJ para sostener la presión sobre la legisladora radical.

La bancada UCR y el resto de los bloques del arco opositor rechazaron de plano la comparación. Ferrero sostuvo que apenas tomó conocimiento de la denuncia realizó una presentación ante la Justicia y solicitó a las autoridades legislativas el apartamiento de Ludueña. De este modo, marcó diferencias con el caso Flores y ratificó que no contempla apartarse de su banca. En medio del fuego cruzado, Torres expresó a Perfil Córdoba que Ferrero y De Loredo «mintieron» a la opinión pública porque dejaron pasar «siete días» de haberse enterado de la situación del militante radical.

Tras el retiro del PJ y en un recinto sin taquígrafos y sin sistema de audio, los representantes de los distintos bloques opositores expresaron a viva voz la solidaridad política con Ferrero y cuestionaron la jugada del oficialismo. El planteo central, según la oposición, fue que el caso Flores «no tiene punto de comparación» con la situación de la deloredista. En ese sentido, se reclamó que el conflicto político no debería utilizarse para impedir el funcionamiento parlamentario.

El reclamo opositor apuntó al funcionamiento de la Cámara. Miguel Nicolás pidió que se aplicara el reglamento y que se descontara de la dieta la ausencia de los legisladores oficialistas que abandonaron el recinto. Además, el radical advirtió que la conducta de los peronistas es causal de una denuncia penal por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Otros legisladores calificaron la maniobra como «un bloqueo» al debate parlamentario y advirtieron que la disputa entre los bloques termina afectando el funcionamiento de la Legislatura.

La discusión sobre responsabilidades individuales de legisladores por sus asesores con antecedentes terminó convertida en una disputa de poder entre bloques. El PJ renovó su demanda por el caso Ludueña —militante del deloredismo— para devolver el golpe por Flores, mientras toda la oposición rechazó la comparación y cerró filas detrás de Ferrero; y, en paralelo, De Loredo la empoderó como nueva jefa de la bancada radical.

Con lo cual, el conflicto adquirió una dimensión política mayor. El peronismo buscó condicionar la continuidad parlamentaria de Ferrero; De Loredo respondió dándole centralidad dentro del bloque; y la propia legisladora ratificó que no dará un paso al costado. En medio de ese fuego cruzado, la sesión terminó cayéndose por falta de quórum.

Así, la guerra de los carpetazos volvió a atravesar a la Unicameral. Ya no sólo como una sucesión de denuncias, pedidos de explicaciones y cruces entre oficialismo y oposición, sino como una pelea que empieza a comprometer directamente el funcionamiento del cuerpo. La oposición acusa al gobernador Martín Llaryora de «clausurar» la Unicameral. El caso Ludueña quedó instalado como el nuevo campo de batalla político y la deloredista Ferrero, como una de las piezas centrales de la disputa entre el PJ y el radicalismo.

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