María José Salgado, farmacéutica, sostiene que las manchas faciales tienen dos causas: la radiación ultravioleta y la glicación, un proceso químico entre azúcares y proteínas. La especialista afirma que tratar solo una de las causas es abordar la mitad del problema.
La aparición de manchas en el rostro suele asociarse a la exposición solar. La radiación ultravioleta estimula la producción de melanina y contribuye a alteraciones de pigmentación y envejecimiento prematuro. Sin embargo, la farmacéutica María José Salgado señala que el sol no es el único factor responsable.
Salgado pone el foco en la glicación, un proceso químico por el cual determinados azúcares reaccionan de forma no enzimática con proteínas y favorecen la formación de moléculas conocidas como AGEs (productos finales de glicación avanzada).
Dos de las proteínas afectadas son el colágeno y la elastina, fundamentales para la estructura, firmeza y elasticidad de la piel. «Los AGEs debilitan la firmeza de la piel», explica Salgado. A medida que estas modificaciones se acumulan, las fibras pueden volverse más rígidas y perder funcionalidad, lo que se traduce en una piel menos elástica, con mayor tendencia a arrugas y aspecto apagado.
En relación con las manchas, investigaciones experimentales indican que los AGEs también pueden influir en procesos relacionados con la melanogénesis, entre ellos la actividad de la tirosinasa, una enzima esencial en la producción de melanina. Salgado resume: «Las manchas tienen dos frentes: el sol, que ya conoces, y la glicación. Tratar solo una es tratar la mitad del problema».
La especialista aclara que ambos mecanismos no tienen el mismo peso y que los cosméticos o suplementos antiglicación no sustituyen a la fotoprotección. El protector solar continúa siendo fundamental frente al fotoenvejecimiento y las alteraciones pigmentarias relacionadas con la radiación. La propuesta es ampliar la mirada sobre el envejecimiento cutáneo.
Respecto al azúcar, Salgado no plantea eliminar su consumo. La glicación forma parte de procesos del organismo y la formación de AGEs puede tener diversos orígenes. Lo que se puede hacer es evitar favorecer su acumulación innecesaria mediante hábitos como una alimentación equilibrada, evitar el consumo excesivo y frecuente de azúcares añadidos y productos ultraprocesados, realizar ejercicio físico, descansar adecuadamente, no fumar y protegerse correctamente de la radiación solar.
El envejecimiento cutáneo no debe entenderse como compartimentos estancos. Radiación ultravioleta, estrés oxidativo, inflamación y glicación pueden interrelacionarse y contribuir conjuntamente al deterioro de las estructuras cutáneas.
En cosmética, comienzan a incorporarse ingredientes orientados a limitar procesos relacionados con la glicación. Uno de los más conocidos es la carnosina, un péptido presente en algunas fórmulas antiglicación. También se utilizan antioxidantes como la vitamina C, la niacinamida, polifenoles del té verde y algunos péptidos. La investigación continúa y muchas estrategias necesitan mayor evidencia clínica.
Salgado afirma: «La gran novedad está en la cosmética y la suplementación». El abordaje de las manchas evoluciona hacia una visión integral, donde la acción dermocosmética se complementa con estrategias que actúan desde el interior para abordar los procesos implicados en el envejecimiento y la pigmentación cutánea.
La próxima generación de rutinas antiedad no consistiría en añadir más productos, sino en comprender qué procesos se quieren prevenir. Cuidar el colágeno no depende solo de estimular su producción, sino también de preservar el existente. En esa ecuación, junto al sol y al estrés oxidativo, aparece la glicación.
Mayka J. de Aranoa, La Vanguardia
