Investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) y del Conicet aislaron una cepa de Burkholderia capaz de degradar el ácido fusárico, una micotoxina producida por hongos del género Fusarium. El hallazgo, inédito a nivel mundial, revirtió los efectos tóxicos en semillas de cebada.
Un equipo de investigadoras de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) aisló, por primera vez a nivel mundial, una bacteria del género Burkholderia capaz de degradar el ácido fusárico, una micotoxina producida por hongos del género Fusarium que afecta a diversos cultivos.
El ácido fusárico es una toxina generada por especies como Fusarium oxysporum, que infecta plantas y provoca daños en raíces, tallos y hojas, con pérdidas económicas significativas en el sector agropecuario. Los métodos actuales de control, como los fungicidas, presentan limitaciones de eficacia y un alto impacto ambiental.
La investigación, publicada en la revista Advances in Applied Microbiology y difundida por el portal Sobre La Tierra (SLT-Fauba), identificó una cepa bacteriana que utiliza la micotoxina como única fuente de carbono, nitrógeno y energía para crecer. En ensayos de laboratorio, la aplicación de esta cepa sobre semillas de cebada tratadas con ácido fusárico revirtió completamente los efectos tóxicos, permitiendo un desarrollo normal de las plántulas.
Jimena Ruiz, investigadora del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA, Fauba/Conicet) y docente de Microbiología en la Fauba, explicó que el equipo ya describió algunos de los genes y enzimas involucrados en el proceso de degradación. La técnica se enmarca en la biotransformación, que emplea microorganismos o sus enzimas para modificar la estructura química de las toxinas y convertirlas en compuestos seguros.
El ácido fusárico es una de las micotoxinas identificadas desde alrededor de 1960, cuando en Inglaterra se detectó la primera de ellas, la aflatoxina, en alimentos contaminados con Aspergillus flavus. Además de la biotransformación, existen otros métodos biológicos como la bioadsorción, que utiliza levaduras o bacterias lácticas para capturar toxinas.
El hallazgo abre la posibilidad de desarrollar aplicaciones agrícolas más específicas y con menor impacto ecológico para el control de enfermedades causadas por Fusarium.
