La representación de la figura materna y femenina en los medios de comunicación continúa asociada a los cuidados domésticos y la subordinación, según un análisis presentado por la investigadora Aimée Vega Montiel, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La representación de la figura materna y femenina en los medios de comunicación sigue marcada por patrones que la asocian con los cuidados domésticos y la subordinación, según un análisis presentado por la investigadora Aimée Vega Montiel, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Vega Montiel afirmó que los discursos mediáticos reproducen modelos sexistas, situando a las mujeres como figuras dedicadas al cuidado y supeditadas a las necesidades de los demás. Esta visión limita su presencia y reconocimiento en el ámbito público, perpetuando una idea de feminidad orientada al servicio y la domesticidad. Desde la perspectiva feminista en comunicación, tales discursos constituyen un sistema simbólico que condiciona la visibilidad y la valoración social de las mujeres.
El análisis de estos patrones indica que la representación mediática incide en la vida cotidiana y en la manera en que se entienden los roles de género. La repetición de estos modelos en cine, televisión y plataformas digitales contribuye a naturalizar dificultades en el avance hacia una sociedad más equitativa.
Estereotipos de género en los medios de comunicación
Vega Montiel retomó conceptos desarrollados por la teoría feminista, como la “aniquilación simbólica”, para describir la forma en la que los contenidos excluyen a las mujeres como sujetas de derechos. La “mirada masculina” domina la industria audiovisual, presentándolas desde una perspectiva que responde a intereses ajenos y las relega a papeles secundarios o domésticos.
Marcela Lagarde aportó la noción de “madre-esposa”, una categoría que define la identidad femenina como centrada casi exclusivamente en el trabajo doméstico y el cuidado de la familia. Bajo este esquema, ellas quedan confinadas a la esfera privada, mientras su labor de reproducción de la vida carece de reconocimiento político o social.
Esta lógica se mantiene vigente desde el cine nacional de mediados del siglo XX hasta las series transmitidas por plataformas digitales en la actualidad. Aunque los formatos han cambiado, la narrativa dominante sigue ubicando a la mujer en el hogar o en la vida afectiva, incluso cuando se presentan personajes aparentemente independientes o empoderados. Así, la transformación observada es solo superficial, ya que el fondo del discurso permanece inalterado.
La influencia de estos canales no se limita a la pantalla: interactúa con otras instituciones como la familia, la escuela y el entorno laboral, reforzando desigualdades y normalizando la violencia simbólica. De acuerdo con la académica, esta articulación convierte al ecosistema digital en el “brazo cultural del patriarcado”, amplificando representaciones funcionales a la lógica de audiencias y consumo.
Desafíos regulatorios y educación mediática
El impacto de estas imágenes no solo es cultural, sino también político. Instrumentos internacionales como la CEDAW y la Convención de Belém do Pará han formulado directrices para erradicar los estereotipos de género en los medios y plataformas digitales. Sin embargo, la implementación de estas recomendaciones ha sido limitada, lo que reduce su eficacia en la transformación de las narrativas sociales.
Vega Montiel enfatizó la necesidad de fortalecer la educación mediática y la formación de audiencias críticas como estrategia para contrarrestar la reproducción de estereotipos. A pesar de que desde los años setenta existen propuestas para dotar a la población de herramientas que permitan analizar los contenidos que consumen, en países como México estas políticas no han logrado consolidarse de manera sistemática.
La responsabilidad estatal en el impulso de una verdadera alfabetización mediática es clave para modificar las condiciones estructurales que perpetúan la desigualdad. Según la investigadora, el problema no radica en decisiones individuales, sino en la ausencia de políticas públicas que garanticen el acceso y la relación crítica con los medios desde la infancia.
Nuevas tendencias digitales, como el fenómeno de las “tradwives” o esposas tradicionales, no suponen una ruptura con los modelos previos, sino una reconfiguración de los mismos. A estas propuestas se suman tensiones derivadas de discursos de empoderamiento que en ocasiones desembocan en la hipersexualización de las mujeres, sin modificar la estructura de fondo.
