Potasio, magnesio y colágeno están entre los más consumidos después de los 50. Especialistas explican cuándo están indicados, cómo utilizarlos y los riesgos de la automedicación.
Potasio, magnesio y colágeno son los suplementos más difundidos para personas mayores de 50 años, pero su uso debe ser evaluado por un profesional de la salud, según coinciden médicos consultados por LA NACION.
Daniela Bertelotti, médica especialista en nutrición del Hospital Universitario Austral (MN 90.819), señaló que a partir de los 50 años es común notar pérdida de masa muscular, menor rendimiento físico y cansancio. “Son señales del cuerpo que indican que algo debe cambiar. Lo ideal es incorporar entrenamiento de fuerza, actividad aeróbica y ajustar la alimentación”, indicó.
Bertelotti advirtió que los suplementos pueden ser útiles en casos de enfermedades con malabsorción, dietas muy restrictivas o demandas especiales como en deportistas, pero “no son para todos”. Recomendó una evaluación clínica, endocrinológica y nutricional antes de consumirlos.
Mónica Cristina, médica nutricionista del Hospital Italiano (MN 80430), explicó que el colágeno es la proteína estructural más abundante del cuerpo humano y que su producción natural disminuye con la edad. “El colágeno que se ingiere no se deposita directamente en la piel o las rodillas, sino que se descompone en aminoácidos que el cuerpo usa según sus prioridades metabólicas”, afirmó Bertelotti.
En cuanto al magnesio, Cristina detalló que participa en más de 600 reacciones enzimáticas y que su deficiencia puede manifestarse con cansancio, calambres musculares y entumecimiento. La ingesta diaria recomendada es de 420 mg para hombres y 320 mg para mujeres.
El potasio, por su parte, es esencial para la función muscular y cardíaca. La ingesta diaria recomendada es de 3400 mg para hombres y 2600 mg para mujeres. Su deficiencia puede causar fatiga, debilidad muscular y estreñimiento.
Los especialistas coincidieron en que los suplementos deben indicarse bajo evaluación médica. “El suplemento correcto, en la persona correcta, en el momento justo, puede ser útil. Pero fuera de ese contexto, puede ser inútil o incluso dañino”, concluyó Bertelotti.
