Slavoj Žižek cuestiona la idea de que Europa deba aprender de África

En una entrevista publicada por el diario esloveno Delo en octubre de 2026, el filósofo Vid Cervek sostuvo que los africanos son conscientes de la bancarrota moral de Occidente y que Europa debería aprender de África. El filósofo Slavoj Žižek responde con un análisis crítico en el que rechaza esa perspectiva y aboga por una universalidad concreta basada en las luchas emancipadoras.

En octubre de 2026, el diario esloveno Delo publicó una entrevista con Vid Cervek, quien había viajado por África durante años. El título de la entrevista fue: “Los africanos son conscientes de la bancarrota moral de Occidente. En realidad, los malos somos nosotros”. En sus últimas líneas, Cervek afirmó: “El individualismo es animalismo, y podemos superarlo mediante la colectividad. Ha llegado el momento de que aprendamos de África y no a la inversa. El proceso de colonización debe invertirse. África es nuestra medicina; en ella podemos encontrar una alternativa”.

El filósofo Slavoj Žižek respondió a esas declaraciones en un artículo en el que sostuvo que la verdadera independencia africana consiste en poner en claro los hechos históricos. Žižek señaló que la esclavitud no fue practicada únicamente por potencias europeas, sino también por países musulmanes a una escala mayor, y mencionó que el último mercado de esclavos de Medina cerró en 1962. En ese contexto, destacó que Ibrahim Traoré, líder de Burkina Faso y musulmán, condenó abiertamente los siglos de esclavitud ejercida por las potencias árabes contra las sociedades africanas.

Según el artículo, las declaraciones de Traoré provocaron reacciones en el mundo musulmán, donde los debates sobre esta injusticia histórica siguen siendo en gran medida un tabú. El comercio transahariano de esclavos, que se prolongó durante más de mil años, implicó el traslado forzoso de millones de africanos para servir en sociedades árabes, de acuerdo con los registros históricos citados.

Žižek también se refirió a China y afirmó que, aunque su política económica en África suele presentarse como opuesta a la colonización occidental, existe lo que denominó neocolonialismo chino. Como ejemplo, mencionó que Myanmar es en los hechos una (pos)colonia china y que China apoya al régimen militar a cambio de explotar los recursos naturales del país.

Respecto de las críticas anticolonialistas a Occidente, Žižek sostuvo que provienen de fuentes diversas, como el grupo islamista radical nigeriano Boko Haram y Vladímir Putin, y que se manifiestan en el rechazo de lo que denominan la confusión sexual occidental y en la exigencia de regresar a una jerarquía sexual “tradicional”.

El filósofo aclaró que reconoce que la exportación del feminismo occidental y de los derechos humanos individuales puede servir como instrumento de neocolonialismo ideológico y económico, pero afirmó que debe rechazarse de manera absoluta la conclusión de que los izquierdistas occidentales deberían alcanzar un “compromiso estratégico” por el cual se toleren silenciosamente prácticas de humillación y persecución de mujeres y homosexuales en nombre de una lucha antiimperialista “superior”.

Žižek cuestionó la defensa multiculturalista de la multiplicidad de “modos de vida” al sostener que encubre los antagonismos dentro de cada modo de vida particular y justifica actos de brutalidad, sexismo y racismo como expresiones culturales que, según los multiculturalistas, no deberían juzgarse con valores “occidentales” ajenos. En contraste, propuso una universalidad concreta basada en el vínculo secreto y la interdependencia entre los antagonismos que caracterizan a cada cultura, lo que abre el camino hacia la universalidad de las luchas emancipadoras.

Finalmente, el artículo retomó la pregunta “¿Deberíamos entonces aprender de África?” y respondió afirmativamente, pero con una lección distinta: regresar a unas raíces auténticas (en su mayor parte imaginarias) nunca es el camino para liberarse de la desorientación del capitalismo global actual. Citó a Marx y el Manifiesto comunista para señalar que el capitalismo es un proceso de desarraigo y que las líneas sobre la interdependencia universal de las naciones son más actuales que nunca. Además, planteó que también la “unilateralidad y la estrechez de miras” sexuales se vuelven cada vez más imposibles y que el capitalismo tiende a reemplazar la heterosexualidad normativa por una proliferación de identidades y orientaciones inestables.

El texto concluyó con un relato sobre Cristo y María Magdalena para ilustrar que curar directamente la herida del colonialismo, lo que equivaldría a regresar a la realidad precolonial, habría sido una pesadilla para los africanos de hoy.

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