La continuidad de Lula da Silva al frente de Brasil plantea a la Argentina la necesidad de definir cómo gestionar la relación bilateral. Un informe académico señala que prolongar la confrontación podría traducirse en menores oportunidades comerciales y de inversión, aunque los efectos no sean inmediatos.
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil da continuidad política al programa Nova Indústria Brasil, lanzado en 2024 con metas hasta 2033, que combina crédito, innovación y compras públicas para desarrollar sectores como la agroindustria, la salud y la transformación digital. Según un análisis del economista y magíster en Estudios Internacionales, investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y profesor en UADE y UCES, la participación argentina en ese esquema dependerá de la capacidad de negociar en una relación bilateral que, según el texto, atraviesa una de sus peores crisis desde el acercamiento de la década de 1980.
El informe sostiene que los efectos de la tensión no son inmediatos: el comercio puede continuar mientras se pierden oportunidades de ampliarlo. Acordar procedimientos sanitarios, reconocer certificaciones o coordinar proyectos productivos requiere trabajo entre gobiernos. Si la confrontación lo dificulta, la Argentina puede llegar tarde a decisiones que después costará modificar.
En 2024, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), 1663 pymes argentinas exportaron a Brasil por US$1414 millones. Los alimentos sin procesar representaron el 35,2% de esas ventas y los procesados, el 30,1%. Para las pymes manufactureras, una oportunidad puede consistir en proveer equipos y componentes a industrias que se modernizan. El programa brasileño contempla maquinaria agroindustrial, tecnologías digitales e innovaciones en envases.
El financiamiento Finame del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) exige bienes nuevos, de fabricación nacional y acreditados por el banco. Una máquina argentina no reúne esas condiciones solo por circular dentro del Mercosur. El análisis indica que el objetivo debería ser negociar posibilidades de provisión y proyectos conjuntos que respeten esas reglas.
El acceso de frutas y hortalizas depende del cumplimiento de requisitos sanitarios. En agosto de 2025, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) incorporó a Brasil al sistema de certificación fitosanitaria electrónica. Esa cooperación agiliza operaciones aun con desacuerdos políticos, según el texto, que señala que una demora en la frontera puede reducir el valor de la mercadería y comprometer entregas.
En los alimentos procesados, la modernización brasileña puede ampliar la demanda de ingredientes y generar acuerdos de abastecimiento, pero también puede fortalecer a fabricantes que compitan con productos argentinos. Los efectos llegarían también a las industrias regionales: detrás de una exportación de fruta hay empaques, cámaras frigoríficas y transportistas; detrás de un alimento elaborado, plantas procesadoras y fabricantes de envases.
El informe concluye que los costos, el crédito y la logística seguirán condicionando las ventas, y que la tensión política puede agregar una dificultad evitable. Sostiene que la cercanía con Trump no debería impedirle a Milei definir una agenda concreta con Brasilia más allá de la confrontación, y que recomponer la relación exige disposición de ambos gobiernos. La Argentina también tendría que decidir qué busca obtener: una asociación resulta valiosa si permite sostener producción local, incorporar tecnología o desarrollar proveedores, y el éxito no debería medirse solo por el monto exportado.
