Un informe sobre diferencias generacionales señala comportamientos vinculados al trabajo, la salud mental y los vínculos que los adultos mayores observarían con una mezcla de sorpresa y admiración.
Las diferencias entre Boomers y Generación Z aparecen en distintos ámbitos de la vida cotidiana: desde la manera de trabajar hasta la forma de relacionarse o comunicarse. Sin embargo, esas diferencias no necesariamente implican que una generación rechace todo lo que hace la otra. Un análisis plantea que detrás de algunas discusiones también puede existir cierta admiración.
La Generación Z adoptó comportamientos que para los Boomers pueden resultar extraños, pero que también representan libertades que muchos adultos no tuvieron durante buena parte de su vida.
Entre ellos aparecen una relación diferente con el trabajo, una mayor naturalidad para hablar de salud mental y una menor disposición a mantener vínculos o compromisos únicamente por obligación. Estas son las ocho actitudes que destaca la publicación.
Las actitudes de la Generación Z que llaman la atención de los Boomers
Según el análisis, algunos de los comportamientos que pueden generar esa particular mezcla de sorpresa y admiración son:
- Poner límites en el trabajo: la Generación Z tiende a darle mayor importancia al equilibrio entre la vida laboral y personal. Un estudio global de Deloitte de 2025 ubicó el equilibrio entre trabajo y vida personal como el principal factor al elegir un empleador entre los jóvenes consultados.
- Hablar de salud mental con naturalidad: ir a terapia o mencionar problemas como la ansiedad dejó de ser necesariamente un tema privado para muchos jóvenes.
- No permanecer en relaciones por obligación: la Generación Z puede estar menos dispuesta a mantener una pareja únicamente porque considera que abandonar una relación equivale a fracasar.
- No confundir lealtad laboral con seguridad: cambiar de empleo, negociar condiciones y buscar nuevas oportunidades son prácticas que los jóvenes pueden aceptar con mayor facilidad.
- Elegir con quién relacionarse: dejar un grupo de chat, no asistir a una reunión o alejarse de una amistad que ya no funciona son conductas que pueden resultar más habituales.
- Admitir que no saben algo: decir «no sé» y buscar inmediatamente la respuesta es presentado como una actitud que evita fingir conocimientos que no se tienen.
- Considerar alternativas a la universidad: los oficios, las capacitaciones y las carreras técnicas aparecen como caminos posibles para desarrollar una vida profesional sin necesariamente obtener un título universitario de cuatro años.
- Decir que no sin dar explicaciones: para algunos jóvenes, rechazar una invitación o un pedido puede reducirse a una respuesta breve, sin necesidad de justificarla extensamente.
Una relación diferente con el trabajo y los límites personales
Una de las principales diferencias aparece en el ámbito laboral. La generación Boomer acostumbrada a trabajar durante los fines de semana, quedarse después de hora o resignar vacaciones cuando una empresa lo necesitaba.
La Generación Z, en cambio, tiende a establecer límites más claros. Cerrar la computadora al terminar la jornada o silenciar las comunicaciones laborales durante el fin de semana puede formar parte de esa búsqueda de equilibrio.
Este cambio se relaciona con una transformación en las expectativas sobre el empleo. Para muchos jóvenes, permanecer en una compañía durante décadas ya no representa necesariamente una garantía de estabilidad.
También cambia la manera de entender los vínculos. Algunos Boomers permanecieron durante años en relaciones que ya no los hacían felices porque entendían el compromiso como una obligación que debía sostenerse a cualquier costo.
La Generación Z puede plantear una mirada diferente: el compromiso sigue teniendo valor, pero no necesariamente implica permanecer en una relación cuando dejó de funcionar.
El derecho a decir «no» sin sentirse culpable
Otro de los comportamientos destacados es la capacidad de decir que no sin elaborar una extensa explicación. Para alguien acostumbrado a justificar cada negativa, una respuesta breve como «no puedo» puede parecer incluso descortés.
Sin embargo, detrás de esa actitud puede existir algo que algunos Boomers desearían haber aprendido antes: que rechazar una propuesta no siempre requiere pedir disculpas o explicar cada detalle.
La misma lógica aparece cuando los jóvenes reconocen que no saben algo. En lugar de intentar aparentar conocimiento, pueden admitirlo y buscar la información en el momento.
