El piloto del Ala 15 de la Base Aérea de Zaragoza lideró una operación nocturna en espacio aéreo polaco con medios de cinco países aliados y un AWACS de la OTAN. El militar sostiene que «un piloto por sí solo no hace nada» y atribuye el éxito al trabajo del equipo.
El capitán Jorge Robayna, piloto de F-18 del Ala 15 de la Base Aérea de Zaragoza, dirigió una misión aérea multinacional de la OTAN durante el despliegue del Destacamento Aéreo Táctico «Ámbar» en Estonia. La operación, realizada de noche sobre espacio aéreo polaco, involucró aeronaves y efectivos de España, Polonia, República Checa, Francia y Turquía, además de un avión AWACS de la OTAN, según confirmó el Ejército del Aire y del Espacio.
Robayna creció en una familia vinculada a la aviación y al Ejército del Aire. Su padre y sus tíos eran aficionados a la aviación, y por parte materna también existía una vinculación con el ámbito militar. Uno de sus tíos fue piloto de Mirage F1, mientras que otro tío y su abuelo pertenecieron al Ejército del Aire. «Siempre lo tuve ahí, en el horizonte», declaró al recordar su vocación infantil.
Tras cinco años de formación en la Academia General del Aire de San Javier, llegó como teniente a la Base Aérea de Zaragoza, donde encontró su destino como piloto de F-18. Sobre su adaptación a la ciudad, mencionó el frío, el calor y el cierzo como primeras experiencias, y afirmó sentirse «un maño más».
El despliegue del Destacamento «Ámbar» en Estonia se extendió durante cinco semanas dentro del sistema de defensa aérea de la OTAN. En ese periodo, los F-18 españoles realizaron alrededor de 200 horas de vuelo y participaron en misiones de Alerta de Reacción Rápida. También fueron activados para identificar y escoltar una aeronave de vigilancia rusa sobre el mar Báltico.
En ese contexto, Robayna asumió la dirección de una misión aérea nocturna sobre espacio aéreo polaco, con medios de cinco países aliados y un AWACS de la OTAN. Al ser consultado sobre lo que sintió al recibir la notificación, respondió: «Sobre todo, responsabilidad». Añadió que la experiencia permitió comprobar que fuerzas aéreas con diferentes idiomas, culturas y formas de trabajar pueden integrarse gracias a procedimientos comunes.
El capitán describió que gran parte del trabajo se realiza antes del despegue, mediante el planeamiento que permite estudiar posibles situaciones, coordinar a los participantes y establecer cómo actuar ante diferentes escenarios. «Un piloto por sí solo no hace nada», afirmó, y señaló que detrás de un F-18 preparado existe una cadena de profesionales que incluye a otros pilotos, mecánicos, armeros y personal de mantenimiento y apoyo.
Durante el despliegue en Estonia, los F-18 españoles operaron junto a medios de otros países aliados y realizaron ejercicios multinacionales, incluidos entrenamientos nocturnos y actividades relacionadas con la defensa frente a drones.
Tras finalizar la misión, Robayna y el resto del destacamento regresan a Zaragoza para reincorporarse a la actividad habitual del Ala 15. El entrenamiento, la formación y la preparación continúan siendo parte fundamental de su trabajo. El piloto también mencionó que, después de semanas fuera de casa, queda espacio para regresar junto a su familia y amigos y, si el calendario lo permite, disfrutar de las fiestas del Pilar.
