Víctor Mareño sostiene que el recibimiento efusivo refuerza conductas nerviosas en los animales y propone alternativas para mejorar su estabilidad emocional.
El adiestrador canino Víctor Mareño afirmó que saludar al perro de forma efusiva al llegar a casa constituye el origen de la mala educación en los animales. Según el experto, este gesto cotidiano fomenta la ansiedad y la inestabilidad emocional en las mascotas.
En declaraciones al podcast Zenvibes, Mareño sostuvo que los dueños suelen confundir la excitación del animal con felicidad, cuando en realidad se trata de una reacción nerviosa ante la ausencia del dueño. El adiestrador señaló que el error humano consiste en mimar, consentir y premiar esta demanda de atención inmediata.
Mareño explicó que esta conducta repetida genera ansiedad en el perro, quien interpreta que su nerviosismo resulta efectivo para conseguir afecto. Al responder con caricias ante un recibimiento eufórico, el dueño refuerza un estado emocional inestable e impide que el animal aprenda a gestionar la espera y la calma.
El experto advirtió que el perro suele pedir salir a la calle o exigir contacto físico constante porque el tutor humano alimenta dicha rueda de comportamiento. La falta de límites claros provoca, según Mareño, que muchas mascotas sufran cuadros de estrés, miedo o depresión, condiciones que observa a diario en su labor profesional.
El adiestrador relató una experiencia personal ocurrida en un domicilio de Madrid, donde un bulldog sufrió un infarto fulminante mientras su dueña lo mimaba al llegar a casa. El animal presentaba pulsaciones elevadas por su alto nivel de nerviosismo, según Mareño.
Tras este suceso, el experto propone dos alternativas para los dueños: pedir al perro que se siente para otorgarle mimos solo en estado de calma, o entrar al hogar sin interactuar con el animal durante los primeros instantes. Aunque reconoce que estas medidas parecen duras o poco afectuosas, recalca que resultan fundamentales para el bienestar del perro.
Mareño enfatizó que la entrada a casa no debe ser el momento donde el perro marque el ritmo emocional del cuidador. La estabilidad mental del animal depende, según el adiestrador, de la capacidad humana para evitar recompensas ante conductas impulsivas. Establecer reglas básicas, como sentarse al comando o esperar el llamado del dueño, ayuda a que el perro mantenga un equilibrio similar a la paz humana.
El adiestrador concluyó que el saludo impulsivo es la raíz de múltiples problemas de comportamiento, dado que el animal aprende que su ansiedad genera una recompensa directa por parte de su referente. La disciplina, lejos de perjudicar el vínculo, protege la salud física y mental del perro al eliminar fuentes de estrés innecesarias en el ámbito cotidiano.
Los especialistas en comportamiento animal coinciden en que los perros educados con normas claras poseen mejores niveles de salud emocional. La educación temprana mediante pautas firmes evita patologías graves y mejora la convivencia familiar, según los expertos.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.
