Una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA reveló que el 83% de los argentinos prefiere vivir hasta los 90 años en buen estado de salud antes que alcanzar los 150 con limitaciones físicas.
Una encuesta realizada por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) indagó sobre las actitudes de la población argentina frente a la posibilidad de extender sustancialmente la vida humana. El estudio, titulado «Longevidad, rejuvenecimiento e Inteligencia Artificial», fue respondido en línea por 1.851 habitantes de todo el país.
El principal hallazgo indica que los argentinos priorizan la salud plena y la autonomía por sobre la extensión de la expectativa de vida. Ante la disyuntiva, el 83% de los consultados prefirió vivir hasta los 90 años en perfecto estado de salud antes que alcanzar los 150 con limitaciones físicas.
Según los autores del trabajo, «la longevidad se acepta más como medio (más salud, más lucidez, más tiempo con los afectos) que como fin en sí misma». Además, el 84% de los encuestados manifestó que lo que más desea mantener joven es la mente (memoria y lucidez), mientras que casi el 70% señaló la capacidad física (energía y movilidad). La apariencia estética fue mencionada por el 9%.
Los investigadores del OPSA diseñaron el Índice de Apertura a la Longevidad (IAL), que en una escala de 0 a 100 ubicó la aceptación de los consultados en 44 puntos. Se observó una brecha de género de casi 10 puntos (varones 48,8; mujeres 39,3) y un máximo de apertura en el tramo de 30 a 49 años (48,4).
En relación con las pautas para una vida más larga y saludable, el médico clínico Ramiro Heredia, del Hospital de Clínicas de la UBA, compartió un decálogo de recomendaciones basadas en evidencia científica. Entre ellas se incluyen la actividad física diaria, el cuidado de la masa muscular, una alimentación equilibrada, el descanso adecuado, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, controlar enfermedades silenciosas, corregir problemas visuales y auditivos, cultivar vínculos sociales, mantener el cerebro activo y desconfiar de los atajos antiage.
Heredia señaló que «ningún suplemento, vitamina, antioxidante en dosis altas u hormona demostró científicamente prolongar la vida de personas sanas» y que la evidencia más sólida se apoya en la combinación de hábitos diarios saludables y controles médicos habituales.
