Margarita Lalor Cavanagh, diagnosticada con ELA, documentó en sus memorias ‘Se puede’ su adaptación progresiva a la discapacidad y su labor social. Falleció en 2009 y su causa de beatificación está en curso.
Margarita Lalor Cavanagh, nacida en Argentina en 1937, recibió el diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) a los 20 años. La enfermedad degeneró su movilidad hasta dejarla casi completamente paralizada, excepto dos dedos de su pie izquierdo, con los que escribió sus memorias tituladas ‘Se puede’. Falleció el 9 de octubre de 2009 en Buenos Aires.
Según consta en sus memorias, en 1975 comenzó a usar silla de ruedas. En 1983 se asoció al Museo Nacional de Arte Decorativo por ser el único con acceso para discapacitados. En 1980, el Museo Saavedra le impidió el ingreso con la silla de ruedas, y en el Planetario de la ciudad de Buenos Aires le indicaron que ‘la gente como usted no viene a estos lugares’.
Margarita peregrinó a Santiago de Compostela, Lourdes y visitó al padre Mario Pantaleo. En Lourdes, según sus escritos, ‘la Voluntad de Dios apareció muy clara ante mis ojos’.
Nilda Cristina Britos, su asistente durante 22 años, relató que Margarita diseñó su departamento en Arenales y Maipú para adaptarlo a sus necesidades: amplió una puerta para entrar con silla de ruedas al baño y reemplazó la bañera por una ducha. También acompañaba a Margarita a la estancia familiar en Rufino y a Punta del Este, donde ‘se sentaba sobre la arena mirando el mar’.
Su hermana Marcela Lalor Cavanagh de Leloir recordó que compartían dormitorio en la infancia y que Margarita diseñaba su propia ropa. ‘Era sumamente divertida, siempre le encontraba el giro humorístico a todas las situaciones’, afirmó.
En 1998, Margarita recibió una computadora con un sistema adaptado que le permitía escribir con dos dedos del pie izquierdo mediante el programa ‘Wivik’, a un ritmo de 7 caracteres por minuto. En sus memorias escribió: ‘No perdimos todo, encontramos todo, lo único capaz de darle sentido a nuestra existencia’.
También organizó un taller de tejido para las residentes del Pensionado de la Misericordia en Recoleta, proporcionándoles materiales y vendiendo los productos para que obtuvieran ingresos.
El padre Lisandro Boyle, su confesor, declaró que Margarita tenía ‘un humor irlandés muy pícaro’ y que en su tumba en Recoleta encontró un mensaje que decía: ‘Aquí está la mujer del entierro más alegre que hubo en Recoleta’.
