El agua de arroz se ha popularizado como fertilizante casero. Sin embargo, muchos cometen un error al usarla. Aquí se explica la forma correcta según estudios científicos.
El agua de arroz se convirtió en uno de los fertilizantes caseros más recomendados entre jardineros y huerteros. La razón tiene respaldo científico: según una revisión de la Universidad Putra Malaysia publicada en la revista científica internacional Pertanika Journal, el líquido que queda tras enjuagar el arroz crudo contiene nutrientes que estimulan el crecimiento vegetal y mejoran la microbiota del suelo.
El almidón disuelto sirve de alimento para bacterias y hongos benéficos que viven en simbiosis con las raíces. El error más común es usar el agua del cocimiento en lugar de la del enjuague. La revisión de Pertanika Journal documenta que son los nutrientes del lavado en frío los que benefician a las plantas: se desprenden del grano antes de la cocción y quedan disueltos en ese primer líquido blanquecino.
Una vez que el arroz se hierve, ese perfil nutricional cambia. El agua de cocción, además, llega caliente a las plantas: a partir de los 23°C pierde oxígeno disuelto de forma acelerada, y las raíces lo necesitan para respirar y absorber nutrientes.
El agua del primer enjuague concentra los nutrientes que el grano suelta en contacto con el agua fría, antes de llegar a la olla. Según la Universidad Putra Malaysia, ese líquido aporta nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre y vitamina B1 al suelo. Cuanto mayor es la cantidad aplicada, mayor es el crecimiento de la planta, documentaron los investigadores. El agua del enjuague también incrementa la población de bacterias benéficas en el suelo y mejora su estructura física, lo que facilita que las raíces se expandan y absorban nutrientes con mayor facilidad.
Dejar reposar el agua del enjuague a temperatura ambiente la convierte en un fertilizante más eficaz. El equipo de la Universidad Putra Malaysia documentó, en condiciones ambientales de laboratorio, que ese proceso aumenta significativamente la disponibilidad de nitrógeno, fósforo y potasio para las plantas. Entre los microorganismos benéficos que aparecen durante la fermentación, los investigadores identificaron Bacillus velezensis y Pantoea agglomerans, bacterias que producen una hormona natural de crecimiento vegetal y que ayudan a las raíces a desarrollarse con mayor vigor.
Un estudio presentado en el Final Year Project Colloquium 2025 de la Universidad Tecnológica MARA comparó tres tratamientos en plantas de cultivo: agua de grifo, agua de enjuague fresca y agua de enjuague reposada. El agua fermentada logró una tasa de germinación del 90%, la mayor producción de hojas y la mayor altura de planta. El agua de enjuague sin fermentar superó al agua de grifo en un 20% en crecimiento general.
Para el ciclo 2025-2026, el consumo humano de arroz en México se estima en 957 mil toneladas, según un acuerdo de la Secretaría de Economía publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 5 de enero de 2026. El agua del primer enjuague que se tira diariamente en los hogares contiene los mismos nutrientes que los estudios de la Universidad Putra Malaysia identificaron como benéficos para las plantas.
Cómo preparar y aplicar el agua de arroz para regar plantas: se toma el agua del primer enjuague del arroz crudo, sin sal, aceite ni condimentos, y se deja reposar en un recipiente a temperatura ambiente. Antes de aplicar, se diluye con agua limpia y se riega en la base de la planta, nunca sobre las hojas, para evitar hongos. La frecuencia recomendada es una o dos veces al mes. El agua preparada no debe guardarse más de 48 horas sin fermentar: pasado ese tiempo puede generar bacterias no deseadas y malos olores.
