Qué pueden aprender los chicos del Mundial y de Messi más allá del interés por la selección

Entre figuritas, fechas clave y pasión futbolera, docentes, directivos y especialistas explican cómo la Copa del Mundo se transforma en una herramienta para enseñar contenidos, trabajar valores y fortalecer los vínculos.

Mientras millones de personas siguen cada partido del Mundial 2026, escuelas y familias encuentran en el torneo una oportunidad para mucho más que alentar a la Argentina. Desde matemáticas y geografía, hasta educación emocional y convivencia, especialistas y docentes coinciden en que la Copa del Mundo puede transformarse en una poderosa herramienta educativa si se aprovecha con equilibrio y sentido pedagógico.

Cada cuatro años, el Mundial modifica rutinas, monopoliza conversaciones y despierta pasiones que atraviesan generaciones. Los chicos no son ajenos a ese fenómeno: llegan a las aulas hablando de resultados, intercambiando figuritas, siguiendo estadísticas y reproduciendo debates que escuchan en sus casas. Lejos de intentar ignorar ese interés, muchas escuelas optan por incorporarlo a sus propuestas educativas.

La pregunta ya no es si el Mundial debe entrar a la escuela, sino cómo hacerlo. Y la respuesta parece estar en convertir ese entusiasmo espontáneo en una oportunidad para aprender, reflexionar y compartir experiencias significativas.

En la escuela Aletheia, Laura Burzomi, directora de Nivel Inicial y Primario, afirmó: “La escuela no puede pensarse aislada de la cultura y de los acontecimientos que movilizan a la sociedad. No buscamos que quede al margen de aquello que genera preguntas, emociones y conversaciones en las familias y en los niños”. A partir de la curiosidad de los alumnos, surgen proyectos que abordan contenidos como geografía de los países participantes, lenguas, tradiciones, migraciones, símbolos nacionales, estadística aplicada al deporte y aspectos científicos vinculados al rendimiento físico.

En la Nueva Escuela Argentina 2000 (NEA 2000), Alejandra Salonia, su directora, señaló: “Las figuritas invadieron los espacios de juego de la escuela y decidimos capitalizar ese interés genuino de los chicos”. Las matemáticas aparecen cuando los alumnos calculan cuántas figuritas les faltan para completar el álbum, cuántas tienen repetidas o cuántas necesitan intercambiar. También surgen actividades relacionadas con banderas, países y culturas.

Florencia Z., docente de tercer grado en un colegio de zona norte, declaró: “Los chicos sienten el Mundial por mil. Son fanáticos del fútbol y de Messi. Esa motivación les agrega un plus enorme a las actividades cotidianas”. Diseñó un cuadernillo temático que atraviesa todas las áreas que enseña. En matemática, las situaciones problemáticas giran en torno a la venta de entradas, los resultados de los partidos o la edad de Lionel Messi. La enseñanza de la división se apoya en el reparto de figuritas. También trabajan gráficos de barras para analizar la cantidad de países participantes por continente. En ciencias sociales y geografía, los alumnos utilizan planisferios para ubicar continentes, océanos, países participantes y sedes mundialistas. En lengua, leen textos sobre la historia de los Mundiales, trabajan gentilicios y producen descripciones de jugadores.

En el taller de educación emocional, Florencia propone reflexionar sobre el concepto de ídolo, más allá de los goles o los títulos, para identificar qué valores transmiten las personas que admiran.

La psicopedagoga y especialista en crianza Brenda Tróccoli afirmó: “El Mundial trae mucha alegría en general a las familias y una oportunidad para compartir una temática que convoca a todos los miembros independientemente de la edad”. Advirtió que es importante que el torneo no desplace por completo las rutinas habituales: “La idea es acomodar la vida familiar a lo que sucede con el Mundial y no que sea al revés”. También destacó el fenómeno de las figuritas como una forma de recuperar el juego presencial y la interacción entre pares, aunque alertó sobre conductas impulsadas por los adultos, como la ansiedad por completar rápidamente los álbumes.

La especialista en crianza Maritchu Seitún sostuvo: “La selección gana o pierde y eso no pone en juego nuestra identidad”. Consideró que los encuentros de la selección pueden transformarse en una experiencia de aprendizaje emocional. Si el triunfo se vive con euforia desmedida o la derrota como una tragedia, los niños tienden a reproducir esas conductas. Acompañar las emociones con serenidad les permite aprender que perder forma parte de cualquier competencia. “El deseo de jugar y que le vaya bien tiene que ser del hijo, no del adulto”, concluyó.

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