Investigaciones recientes estudian los efectos de la cúrcuma y su compuesto activo, la curcumina, en la protección del cerebro frente a enfermedades como Alzheimer y Parkinson.
La cúrcuma, utilizada durante siglos en la medicina tradicional asiática, es objeto de estudio por parte de la comunidad científica debido a sus posibles beneficios en la prevención de enfermedades neurodegenerativas. Investigaciones recientes exploran cómo los compuestos activos de este rizoma pueden contribuir a proteger el cerebro frente al deterioro asociado con padecimientos como el Alzheimer y el Parkinson, gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
Diversos equipos científicos destacan que la curcumina, su principal componente activo, actúa sobre mecanismos celulares involucrados en la progresión de esos padecimientos. Estudios publicados en The Journal of Alzheimer’s Disease señalan que la administración constante de extracto de cúrcuma logra disminuir la formación de placas beta-amiloide, consideradas uno de los principales marcadores en el avance del Alzheimer. Además, investigaciones citadas por Nature Reviews Neurology muestran que pacientes con deterioro cognitivo leve presentan mejoría en pruebas de memoria tras 18 meses de suplementación controlada.
En experimentos con ratones, equipos del Instituto Nacional de Neurología Manuel Velasco Suárez reportaron una reducción de hasta 40% en la pérdida neuronal asociada a enfermedades neurodegenerativas cuando se administra curcumina en dosis orales. Según el laboratorio dirigido por María Teresa Romero, la cúrcuma también favorece la regeneración de conexiones sinápticas, lo que impacta en la capacidad de aprendizaje y la memoria a corto plazo.
Otro aspecto estudiado es la capacidad de la curcumina para modular la respuesta inmune, lo cual se asocia con la reducción de microglía activada, células que en exceso generan procesos inflamatorios crónicos en el sistema nervioso central. Datos del Hospital General de México documentan una disminución de hasta 30% en biomarcadores de inflamación en pacientes adultos mayores que consumen cúrcuma de manera regular.
El doctor Enrique Ramos, citado por Gaceta UNAM, afirmó: “La cúrcuma inhibe rutas metabólicas asociadas con el envejecimiento celular, y esto se refleja en una menor incidencia de enfermedades neurodegenerativas en poblaciones que la integran a su dieta diaria”. Las investigaciones en curso exploran nuevas formulaciones para mejorar la absorción de curcumina, cuyo bajo nivel de biodisponibilidad ha sido el principal obstáculo para su aplicación clínica a gran escala.
En cuanto al consumo, se recomienda combinar la cúrcuma con pimienta negra, ya que la piperina —compuesto activo de la pimienta— aumenta hasta 20 veces la absorción de curcumina. Se sugiere añadir media cucharadita de cúrcuma en polvo al día a los alimentos, acompañada de una pizca de pimienta negra y una fuente de grasa saludable como aceite de oliva o leche entera. Las cápsulas de curcumina liposomal o suplementos con alta biodisponibilidad son una alternativa para quienes buscan un efecto más potente. Las dosis clínicas recomendadas varían de 500 a 2,100 miligramos diarios en suplementos, pero siempre deben ser supervisadas por un médico. No se recomienda su uso en grandes cantidades ni en suplementos sin supervisión médica en menores de edad, mujeres embarazadas o personas con problemas biliares o en tratamiento con anticoagulantes.
