El Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) advierte que la posible consolidación de un evento de El Niño fuerte o extraordinario durante 2026 representa una amenaza directa para la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria en Centroamérica.
El Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) informó que la posible consolidación de un evento de El Niño fuerte o extraordinario durante 2026 representa una amenaza directa para la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria en Centroamérica. Según el reporte, el fenómeno podría intensificar la aridez en el Corredor Seco centroamericano, modificar los patrones de lluvia y temperatura, y comprometer la resiliencia de familias cuya economía depende de la agricultura y la ganadería.
De acuerdo con el boletín, los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y del Foro del Clima de América Central señalan que, entre mayo y julio de 2026, se espera un aumento en las temperaturas, lluvias irregulares y una canícula más intensa en la región. Esta situación podría derivar en sequías prolongadas, estrés hídrico y una mayor exposición de los sistemas agropecuarios al déficit de precipitaciones, especialmente en el Corredor Seco centroamericano.
El documento destaca que este contexto incrementa la vulnerabilidad de las familias rurales y afecta la producción de granos básicos y la disponibilidad de agua para el ganado, lo que podría traducirse en un incremento de la inseguridad alimentaria.
El boletín del OIRSA destaca que las alteraciones climáticas asociadas a El Niño también afectan la sanidad vegetal y animal. Las condiciones extremas de temperatura y humedad pueden modificar la dinámica epidemiológica de plagas y enfermedades. En cultivos, los ambientes cálidos y secos favorecen la proliferación de insectos como la mosquita blanca, trips, áfidos, gusano o falso medidor y la langosta voladora centroamericana. Además, se observa una mayor incidencia de enfermedades bacterianas y fúngicas.
En el sector pecuario, el incremento térmico y el estrés hídrico afectan la productividad y reducen la disponibilidad de alimento para el ganado, a la vez que favorecen la expansión de vectores como garrapatas y mosquitos.
El OIRSA advierte que el sector agropecuario sigue siendo estratégico para las economías centroamericanas. Según datos del Banco Mundial citados en el boletín, países como Nicaragua y Honduras presentan una alta dependencia de la actividad rural, con participaciones del 15 % y 12 % en su PIB, respectivamente, lo que amplía su exposición ante eventos climáticos extremos.
En Guatemala, Belice, Costa Rica, El Salvador y República Dominicana, el sector agropecuario mantiene una relevancia que oscila entre el 4 % y el 10 % del PIB. El documento destaca que cualquier alteración climática severa puede traducirse en pérdidas económicas, incremento de la vulnerabilidad social y una mayor presión sobre los sistemas de protección alimentaria.
Frente a este escenario, el boletín del OIRSA recomienda fortalecer la gestión integrada de los recursos hídricos, los sistemas de alerta temprana y el monitoreo agroclimático. También sugiere promover prácticas agrícolas resilientes, la conservación de suelos, el manejo sostenible del agua y la utilización de variedades de cultivos tolerantes a la sequía.
Para el sector pecuario, se aconseja garantizar la disponibilidad de agua, sombra y suplementación, así como mantener reservas estratégicas de semillas y alimentos.
