La democracia procedimental como límite al gobierno de Milei

Los indicadores de gestión del presidente argentino muestran un descenso en aprobación y expectativas económicas. Analistas señalan que, pese a la erosión natural de los gobiernos, la credibilidad en los pilares del proyecto libertario comienza a resquebrajarse.

Según los sondeos de opinión, los indicadores que miden el desempeño de la administración libertaria están descendiendo abruptamente. La aprobación del presidente concita más juicios negativos que positivos, su imagen personal cae, las expectativas sobre el futuro de la economía registran un importante retroceso y aumenta la creencia en que la mayoría de los funcionarios son corruptos.

Aunque aún no se pueda tener una idea clara de cómo impactará esto en la intención de voto para las elecciones presidenciales del año próximo, una impresión empieza a extenderse en la política y en la sociedad: es difícil que Milei pueda obtener la reelección en primera vuelta, para lo que se necesita al menos el 40% de los votos y una diferencia de 10 puntos con la segunda fuerza. En caso de balotaje, sus chances disminuirían considerablemente.

Analistas señalan que las administraciones públicas se desgastan con el tiempo, pero este desgaste puede atenuarse según la capacidad de reparar errores, el talento de la oposición, las contingencias económicas y el alineamiento internacional. Sin embargo, lo que se observa ahora sería más grave: estaría quebrándose la credibilidad en los pilares del proyecto libertario, la ética pública y la nueva economía.

Frente a esta situación, el presidente utiliza recursos habituales del poder: niega que le esté yendo mal y culpa de sus problemas a conspiraciones. Muestra cada vez más agresividad con el periodismo y la oposición, o se fuga hacia adelante participando en shows como el que se montó esta semana en Israel, donde se lo vio bailando con judíos ultraortodoxos y cantando ‘Libre’ de Nino Bravo en medio de la guerra.

La democracia procedimental que permitió a Milei acceder al poder es la misma que puede removerlo. No obstante, analistas consideran que, tal como están las cosas, un juicio político, una gran movilización del peronismo o una toma de conciencia masiva de la clase media no parecen probables. Los kirchneristas y los republicanos, que facilitaron la presidencia al libertario, no estarían en condiciones de encabezar una epopeya.

El sociólogo Matías Dewey sostiene que antes de considerar la transgresión como un factor disruptivo, es necesario entender cómo los procedimientos democráticos siguen siendo el límite efectivo del poder, incluso cuando el carisma se ha perdido.

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