Especialistas debaten la vigencia de los reportes anuales de tendencias, señalando que en un contexto de cambios simultáneos y rápidos, el foco debe pasar de la anticipación a la interpretación y acción estratégica.
Durante años, la publicación de reportes anuales de tendencias fue un ritual clave en el calendario corporativo, ofreciendo un marco para anticipar el futuro y tomar decisiones. Sin embargo, en el festival SXSW de este año, la futurista Amy Webb declaró que este formato «quedó obsoleto». Según Webb, en un contexto donde la inteligencia artificial, la biotecnología, la robótica y la geopolítica avanzan en simultáneo, capturar «lo que viene» en un documento estático ya no es suficiente, ya que parte de la información puede quedar desactualizada al momento de su lectura.
El problema, plantean expertos, no es la falta de información, sino la forma de interpretarla y ejecutarla. Ernest Riba, Chief Strategy Officer de VML LATAM, señala que el valor de estos informes ha mutado: hoy funcionan más como rituales de reflexión colectiva que como disparadores directos para la toma de decisiones. «Muchas compañías no tienen el talento o el conocimiento acumulado de métodos de foresight que les permita convertir esos insumos en escenarios, iniciativas y hojas de ruta concretas», advierte.
La velocidad del cambio también es un factor crítico. Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity, explica que los cambios no se dan de forma ordenada, sino en simultáneo y a veces de manera contradictoria, lo que puede volver un reporte parcialmente obsoleto incluso antes de ser procesado por una organización.
Además, existe una saturación de información. Mercedes Roldán Verges, Strategy Director de dentsu Argentina, resume: «El problema es la capacidad de lectura de las organizaciones». Gaba Najmanovich, especialista en tendencias, agrega que la proliferación de reportes gratuitos ha transformado el mercado, reduciendo el valor percibido del formato y generando una brecha entre el conocimiento y la acción.
Los frenos para la acción identificados incluyen la «memoria institucional» y una cultura organizacional con miedo al error. La conclusión entre los analistas es que el desafío ya no radica en anticipar tendencias aisladas, sino en comprender su intersección y traducir esos insights en decisiones ágiles y pilotos concretos.
