La derrota de Donald Trump en las elecciones de medio mandato debilita a gobiernos de derecha alineados con Washington y podría reconfigurar la influencia estadounidense en América Latina, según analistas.
La derrota de Donald Trump en las elecciones de medio mandato, conocidas como midterms, tendrá un impacto en América Latina, comenzando por la reconfiguración de fuerzas políticas dentro de cada uno de los países de la región, según analistas consultados.
Los gobiernos de derecha alineados con Trump quedan debilitados frente a sus oposiciones. La victoria demócrata se sumó a la tercera reelección del presidente Lula en Brasil, lo que instaló en el continente la percepción de que es posible frenar la ola de la derecha y de la extrema derecha que, hasta hace poco tiempo, era vista como imparable.
Presidentes como Javier Milei, en la Argentina, que el año que viene intentará su reelección, enfrentarían un escenario más complejo. Para otros, como el chileno José Antonio Kast, el colombiano Abelardo De la Espriella y la peruana Keiko Fujimori, que llegaron hace poco al poder, el debilitamiento de Trump podría provocar un mayor desgaste en sus administraciones, que ya enfrentan cuestionamientos de la opinión pública y una pérdida de popularidad.
Analistas latinoamericanos entrevistados por LA NACION afirmaron que esta derrota debilitará la ofensiva de la Casa Blanca para intentar recuperar la influencia de Estados Unidos en América Latina y, en contrapartida, fortalecerá la de China.
“Los demócratas pasarán a tener mayoría en ambas cámaras del Congreso y, aunque América Latina no sea una prioridad en su agenda -como no lo es desde hace décadas-, se espera que las acciones de Trump en la región sean monitoreadas y, cuando sea necesario, investigadas. Se espera, en este sentido, que los demócratas presten más atención a cuestiones como el respeto a la democracia y a los derechos humanos, lo que podría traer problemas para gobiernos como el de Nayib Bukele, en El Salvador. El presidente salvadoreño tiene cerca del 80% de imagen positiva por la reducción de la violencia, pero es acusado de erosionar la democracia de su país y de violar derechos humanos con su política de combate a las pandillas”, dijo Guilherme Casarões, profesor de Estudios Brasileños de la Florida International University.
Para la economista brasileña Monica de Bolle, investigadora senior del Peterson Institute for International Economics, con sede en Washington, la llamada “Doctrina Donroe” de Trump -que trajo de vuelta la Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”- “terminó”.
De Bolle sostuvo que los demócratas presionarán por la realización de elecciones presidenciales en Venezuela -donde el gobierno de la chavista Delcy Rodríguez sigue resistiéndose y evitando fijar una fecha para los comicios, con el aval de Trump- y que una ofensiva contra Cuba quedará fuera de consideración a partir de ahora.
En relación con Brasil, De Bolle, que considera que el resultado de las elecciones marca el comienzo del “fin de la era Trump”, aseguró que el apoyo a la familia Bolsonaro se enfriará, sobre todo porque Trump no tendrá más tiempo para ocuparse de ese tipo de asuntos, cada vez menos relevantes en la agenda del presidente republicano.
Nadie espera que los demócratas exijan un cambio en la política exterior del gobierno de Trump respecto de la región. Lo que sí se espera es que la mayoría demócrata esté atenta a los movimientos del presidente y del secretario de Estado, Marco Rubio, quienes deberán evaluar las consecuencias antes de acciones como un ataque militar contra un país de la región.
Guadalupe González, investigadora de El Colegio de México y miembro del Conversatorio Latinoamericano, advirtió: “Trump, herido, también podría radicalizar sus acciones en la región”.
“América Latina puede darle a Trump resultados rápidos y buenos, sin costos elevados. Es algo que ninguna otra región del mundo le puede dar al presidente estadounidense; por eso, hay que estar atentos”, dijo la analista mexicana.
Iniciativas como el Escudo de las Américas, cuyo principal objetivo es ser una alianza regional en materia de seguridad, seguirán existiendo y combatiendo el narcotráfico y el crimen organizado. Brasil y México no son parte del Escudo, y seguirán sin serlo. Pero el Escudo sigue avanzando con sus demás integrantes. Es probable que los demócratas denuncien eventuales violaciones de los derechos humanos o acciones que se consideren abusivas por parte de Estados Unidos, como lo han sido los ataques a lanchas en el Caribe.
La denuncia fue hecha por Naciones Unidas. A fines de octubre, el relator especial sobre la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo, Ben Saul, divulgó un informe en el que afirmó que los gobiernos “deben evitar etiquetar abusivamente a los cárteles y las bandas de narcotráfico como organizaciones terroristas y abstenerse de librar una nueva guerra contra el narcoterrorismo que viole los derechos humanos”.
Saul dijo también que “las respuestas militarizadas al llamado ‘narcoterrorismo’ han violado gravemente los derechos humanos, incluidos asesinatos arbitrarios, torturas, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias”.
“Los prolongados estados de emergencia restringieron las libertades de movimiento, asociación, expresión y reunión pacífica, así como los derechos de las comunidades indígenas. En el último año, Estados Unidos habría matado ilegalmente al menos a 239 personas en 71 ataques militares contra embarcaciones civiles en el mar, supuestamente para prevenir el narcoterrorismo. Estos asesinatos pueden constituir crímenes de lesa humanidad, y los perpetradores deben ser responsabilizados”, agregó.
Países como México, gobernado por la presidenta Claudia Sheinbaum, y Brasil seguirán optando por el pragmatismo. Ni el gobierno mexicano ni el brasileño celebraron públicamente el resultado de la elección estadounidense. Internamente, hubo alivio en ambas administraciones, pero públicamente la palabra de orden es cautela.
Los demócratas también deberán calibrar sus acciones, dijo Casarões, porque un ataque frontal a todo lo que haga Trump puede provocar una reacción de victimización, típica de la extrema derecha. “La estrategia que funcionó en la campaña fue poner la pelota en el suelo, hablar de los problemas cotidianos de los estadounidenses, y América Latina no es uno de ellos. Por otro lado, sabemos que un presidente derrotado a mitad de mandato -lo que suele llamarse ‘pato cojo’- tiende a forzar la mano. La Doctrina Donroe no terminó, y la región debe estar alerta”, insistió el profesor brasileño.
