Pawel Pawlikowski presenta Tierra de mi padre, su película sobre Thomas Mann en la posguerra alemana

El director polaco Pawel Pawlikowski estrenó en Argentina Tierra de mi padre, filme que retrata a Thomas Mann en 1949 y que compitió en Cannes, donde obtuvo el premio a mejor director. La película dura 82 minutos y cierra una trilogía en blanco y negro iniciada con Ida y Cold War.

Tierra de mi padre, dirigida por el polaco Pawel Pawlikowski, se estrenó en los cines argentinos el jueves. El filme está ambientado en la Alemania de posguerra, en 1949, y retrata el regreso del premio Nobel de Literatura Thomas Mann (Hanns Zischler) a su país natal junto a su hija y asistente Erika (Sandra Hüller).

La película completa una trilogía de época en blanco y negro que Pawlikowski inició con Ida (2013), ganadora del Oscar a la mejor película internacional, y Cold War (2018), nominada en la misma categoría. Según el realizador, es probable que Tierra de mi padre repita la nominación. Es también la primera vez que Pawlikowski trabaja con personajes reales, aunque se toma la libertad de ficcionalizar.

En el Festival de Cannes de este año, Pawlikowski ganó el premio al mejor director, ex aequo con los españoles Javier Ambrossi y Javier Calvo (Los Javis), por La bola negra. En ese marco, el realizador dialogó con la prensa sobre diversos aspectos de su trabajo.

Consultado sobre la duración de 82 minutos de Tierra de mi padre, en contraste con otros cineastas que se extienden más, Pawlikowski afirmó: “Tengo la sensación de que algunos directores no saben cómo editar y pensar en qué mostrar y qué no de lo que filmaron. Pero no se trata de editar, se trata de inventar. ¿Cómo hago algo que funcione sin explicaciones extrañas o pasos extraños? Pero no es que sea una clase maestra, porque sepa cómo hacerlo. No, es un proceso. Primero encontrás lo que tenés que decir, luego empezás a armarlo, a organizarlo, ponerlo de este modo, de aquel modo, a agregar cosas, sacar cosas afuera. No es un proceso científico. Toma tiempo. Y también, te digo, el tiempo es un arma muy buena”.

Respecto de la relación entre el filme y el presente, el director sostuvo: “Me encuentro muy confundido. No sé qué pensar. Sé que las opciones no son buenas. Y las discusiones que se hacen en las esferas políticas, de quienes nos gobiernan, no son discusiones de personas que tienen experiencia histórica. Son discusiones de personas que están en una burbuja de información en Londres, París o algún lugar y cree que lo saben todo. Yo estaba mucho más interesado en escuchar a mi vieja tía en Polonia cuando volví, que experimentó cosas y no tenía grandes conocimientos intelectuales, mientras que ahora hay expertos que saben todo, sobre todo”.

Sobre su método de filmación en escenarios reales, Pawlikowski explicó: “Sí, aunque sea costoso y haya que recorrer cientos de locaciones. Para la secuencia que muestra a Thomas y Erika observando, a través de la ventanilla del coche, los estragos de la guerra, necesitábamos incluir un momento que pareciera de archivo, pero no recurrir a material de archivo. Encontramos una calle bastante deteriorada en una zona de Polonia que antiguamente pertenecía a Alemania. Lo que hicimos fue reconstruir unas ruinas, que se ven en primer plano, no es que las pusimos de manera digital, y hasta elegimos a los extras adecuados para que encajaran en el entorno. Después sí, eliminamos las antenas parabólicas, las ventanas modernas digitalmente. La idea era mostrar al padre y a la hija dentro de una especie de cápsula, protegidos del mundo exterior”.

En cuanto a la escena final, en la que Thomas y Erika Mann abandonan Weimar, ven las ruinas de una iglesia, eluden a su escolta e ingresan en ella, el director señaló: “No sabés cómo lograr algo así. No es sencillo: lo escribís, lo imaginás en tu cabeza, escuchás la música y te emocionás. Pero tenés que encontrar una iglesia, conseguir un órgano para llevarlo y hasta crear una atmósfera donde los actores actúen de una manera que parezca espontánea y natural”. Y agregó: “Cuando rodamos la escena, Sandra y Hanns ya tenían una relación muy estrecha. Y Hanns estaba atravesando un duelo personal. La primera toma funcionó. Ella le toma la mano. Esa es la magia del cine”.

Sobre el título, Pawlikowski recordó: “No tardé mucho en decidirme, porque nos preocupaba que fuera una palabra muy pesada. Estuvimos abiertos a elegir y probar títulos por un tiempo. Pero luego, esa secuencia de la película en la que Erika habla sobre el padre en el teléfono, y luego entra a la habitación, cierra la puerta… De repente el título Tierra de mi padre como que se sugirió a sí mismo”. Y sobre el uso del inglés: “Es que sería comprendido en diferentes países, en Alemania, en Polonia o en China. Y el mismo Thomas Mann lo usa, él redimió la palabra, porque los nazis la usaban tanto que era una palabra que no se escribía en Alemania… Y en 1949 fue él el primero en decir Fatherland sin sentirse embarazoso o comprometido por ello. Además, él era el padre de estos dos personajes, Erika y Klaus”.

Respecto del personaje de Klaus, que aparece en varias ocasiones como un fantasma, el director indicó: “Fue una decisión delicada. Nunca había hecho algo así”.

Pawlikowski también se refirió a su frustrado proyecto La isla, que iba a filmar con Joaquin Phoenix y Rooney Mara: “La isla colapsó… Hace tres años, de repente, llegó el paro de los actores. Teníamos a dos estrellas estadounidenses, Joaquin Phoenix y Rooney Mara, que eran miembros muy activos del Sindicato de Actores Estadounidenses. Entonces, todo el financiamiento se cayó al no contar con ellos”.

Sobre la elección de Hanns Zischler y Sandra Hüller para los papeles principales, el realizador afirmó: “Hay algo orgánico y algo opuesto entre ellos. Hanns Zischler es como un ‘hombre de la época’, un actor más tradicional, y Sandra es muy moderna, incluso en el filme. Ella es como una criatura de la televisión. Hay algo de modernidad con ella, así que encontré muy interesante esa oposición orgánica”. Y añadió: “A Hanns lo conocí en sus filmes de los años ’70, las películas de (Wim) Wenders, donde él ya era muy diferente, como en Kings of the Road (En el curso del tiempo). Y todavía tenía cabello… Es maravilloso, es súper erudito y él es muy elegante en su manera de hablar, y maneja un gran sentido de la ironía. Y de repente pensé, no es una locura, solamente hay que estilizarlo un poco para que interpretara a Thomas Mann. Además, él conocía el trabajo de Thomas Mann por dentro y por fuera”. Sobre ese conocimiento, precisó: “En realidad, era la voz de un podcast de los diarios de Thomas Mann, que son enormes. Y la otra extraña coincidencia fue cuando conocí a August Diehl (Bastardos sin gloria), y descubrí que era un completo fan de Klaus Mann. Él conocía sus libros. Y, de repente, tenía a estos dos tipos que estaban en el mundo de los personajes”.

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