París: daños materiales y disturbios tras protestas contra el costo de vida

La capital francesa amaneció con comercios saqueados, vehículos incendiados y mobiliario urbano destruido luego de una jornada de movilizaciones contra el encarecimiento del costo de vida. Se aguarda un discurso del presidente Emmanuel Macron.

París amaneció este domingo con daños materiales en el centro de la ciudad tras los disturbios registrados la noche anterior en el marco de una jornada de protestas contra el encarecimiento del costo de vida. Bicicletas calcinadas apiladas en las veredas, autos incendiados, comercios saqueados y escaparates destruidos quedaron como testimonio de los incidentes.

A primera hora de la mañana, equipos de limpieza trabajaban para retirar los restos de los destrozos. Vecinos, comerciantes y turistas recorrían las calles entre los escombros.

Una mujer parisina se detuvo frente a un montón de bicicletas incendiadas. «Es lamentable, aterrador, manadas de jóvenes vinieron aquí ayer, saqueando, rompiendo todo, con total impunidad», declaró Cécile Rogue, de 57 años, quien se encontraba en la zona durante las primeras horas del domingo.

A pocos metros, un grupo de hombres levantaba un enorme panel de cristal roto que había quedado sobre la vereda. Según explicó uno de ellos a la agencia AFP, pertenecía a la vidriera de Roche Bobois, una tienda de muebles. En otro local cercano, un sillón verde sobresalía por el hueco abierto en el escaparate.

Una parada de autobús había quedado completamente destruida, mientras que los restos de bicicletas quemadas eran agrupados a un costado para despejar las calles y permitir nuevamente la circulación.

La dimensión de los destrozos provocó indignación entre los habitantes de la zona, que aseguraron no recordar episodios de semejante magnitud. Para muchos, la violencia terminó por desplazar el reclamo social que había motivado las movilizaciones del sábado.

Anita Gras, una mujer que salió a correr temprano por la mañana, tuvo que modificar su recorrido para esquivar la basura y los escombros que cubrían las veredas. Expresó su enojo por los ataques y aseguró que algunos estudiantes de secundaria también participaron en los disturbios y los saqueos. «Nunca habíamos visto una violencia así», afirmó.

La mujer relató que los incidentes se extendieron durante varias horas y que los saqueadores ingresaron en distintos establecimientos comerciales. Entre ellos, mencionó una tienda de la marca deportiva Asics, donde, según señaló, un par de zapatillas puede costar alrededor de 200 euros. «Se quedaron en el barrio hasta la 01H00 de la mañana. Tuvimos miedo a que nos lanzaran algo», contó.

La preocupación fue todavía mayor para quienes tenían familiares trabajando en los comercios afectados. Durante los disturbios del sábado, Gras tuvo que salir a buscar a su hijo, que trabaja en un local del barrio que sufrió graves daños por el vandalismo.

Mehmet Ozden, un costurero jubilado de 78 años y de origen turco, que vive en el centro de París desde la década de 1970, declaró: «Es como si hubiéramos tenido una guerra». El hombre había salido a pasear a su perro durante la mañana del domingo y recordó que el animal también sufrió el impacto de los acontecimientos. Según relató, tuvo mucho miedo durante la noche del sábado, por lo que ambos debieron regresar a su casa. «Nos tuvimos que volver a casa», recordó.

Ozden también cuestionó las consecuencias económicas que dejarán los ataques y sostuvo que los daños terminarán recayendo sobre los propios ciudadanos, ya sea mediante los costos de reparación o las pérdidas sufridas por los comerciantes. «Seremos nosotros quienes pagaremos todo esto. Es inaceptable. Francia ya no es lo que era», afirmó.

Los episodios de violencia se produjeron durante una jornada de movilizaciones contra la carestía de la vida, un reclamo que se expresó en París y en distintas ciudades francesas. Aunque algunas manifestaciones transcurrieron sin incidentes en determinados barrios, los saqueos y los enfrentamientos dominaron la escena pública.

La destrucción de comercios, el incendio de vehículos y los daños en el mobiliario urbano transformaron el balance de la jornada y dejaron en segundo plano el reclamo económico que había convocado a los manifestantes.

En las calles del centro parisino, las tareas de limpieza avanzaron desde las primeras horas del domingo. Los trabajadores retiraron restos de cristales, basura y objetos quemados, mientras los servicios de seguridad permanecían en los sectores más afectados.

En las inmediaciones de la plaza de République, todavía se percibía el olor a gases lacrimógenos en la estación de metro. En las calles cercanas podían encontrarse casquillos de esos dispositivos, residuos dispersos por las aceras y restos de los destrozos provocados durante los disturbios.

Dos agentes de seguridad y un perro permanecían apostados frente al escaparate destruido de una tienda de electrodomésticos. En otros puntos, las vidrieras rotas y los objetos desparramados en el suelo daban cuenta de los saqueos registrados la noche anterior.

En una tienda de cosméticos de una avenida cercana, los envases rotos, las bolsas y los adornos tirados en el piso mostraban las consecuencias del ingreso de los saqueadores. La alarma del establecimiento todavía sonaba, aunque, según el relato recogido en el lugar, nadie había acudido a atenderla. También quedaron vehículos calcinados cerca de la plaza de République, mientras que las bicicletas incendiadas fueron amontonadas para evitar que obstaculizaran el tránsito.

Además de las pérdidas materiales y el temor de los residentes, los destrozos despertaron preocupación por la imagen internacional de París, una de las ciudades más visitadas del mundo y un destino cuya actividad económica depende, en parte, del turismo.

Cécile Rogue, que trabaja como organizadora de viajes, advirtió que las imágenes de violencia y destrucción pueden perjudicar a quienes se dedican a recibir visitantes y organizar recorridos por la capital francesa. «No es una superimagen para el turismo. El papa estaba aquí hace quince días y el ambiente era muy distinto», señaló.

El temor también alcanzó a los turistas que se encontraban en la zona durante la mañana del domingo. Una mujer con un abrigo rojo ingresó rápidamente en una estación de metro y, en inglés, describió la experiencia como aterradora. Prefirió no revelar su identidad. «Fue horrible, estaba tan asustada», manifestó.

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