Restaurantes, cafés y supermercados kosher se multiplican en barrios como Palermo y Belgrano, impulsados por cambios generacionales y la mudanza de parte de la comunidad, según referentes del sector.
La cocina judía registra un aumento de su oferta gastronómica en la Ciudad de Buenos Aires, con la apertura de restaurantes, cafés y supermercados kosher en barrios como Palermo y Belgrano, que se suman a las zonas históricas de Once, Flores y Villa Crespo, donde se mantienen los locales tradicionales.
Según referentes del rubro, este fenómeno se explica por una mayor apertura cultural, una renovación estética y el desplazamiento de parte de la comunidad ortodoxa hacia el corredor norte de la ciudad, delimitado por las avenidas Las Heras, Del Libertador y Coronel Díaz y la calle República de la India.
Javier Ickowicz, creador de Mishiguene, declaró a LA NACION: “Hay un fenómeno que está ocurriendo no solo en la Argentina: la comida kosher se ha difundido más y no es solo para los judíos más religiosos. Además, la cocina israelí se volvió tendencia mundial en lugares como París y Londres”. Ickowicz agregó que al abrir Nucha trabajó con la colectividad ofreciendo knishes y boios, pero surgió la necesidad de propuestas judías específicas, lo que dio origen a Mishiguene, un restaurante de comida judía no kosher que se convirtió en un clásico de Palermo y recibe turistas de todo el mundo.
Martín Masri, cofundador de Lharmonie junto a su mujer, Melanie Jafif, relató que en los últimos cinco años pasaron de un local pequeño en Seguí y Scalabrini Ortiz a cinco locales, con planes de extenderse a ocho en marzo próximo. Masri indicó: “Con respecto a lo kosher, definitivamente creo que estamos viendo un crecimiento muy grande de la oferta en Buenos Aires y para mí es parte de un proceso bastante natural, que ya está ocurriendo también en ciudades como Nueva York, Miami, Ciudad de México, San Pablo o Londres”. Y añadió: “Durante mucho tiempo se pensó al restaurante kosher principalmente como un lugar para quien necesitaba comer kosher. Creo que eso está cambiando. Nuestra mirada desde el primer día fue un poco al revés: primero queremos hacer un gran café o un gran restaurante, al que cualquier persona tenga ganas de ir y, además, hacerlo respetando completamente las normas kosher”.
Agustina Cattan, dueña de Agus Kitchen y Forno & Fettuccine, sostuvo: “Veo cada vez más locales lindos y nuevos que se sumaron a los que antes estaban solo en Once y Flores, y que ahora se encuentran en Palermo y Belgrano”. Cattan atribuyó el fenómeno a un cambio generacional de familias que se mudaron de Once a Palermo y a viajeros que buscan en su barrio la misma comida que consumen en Miami o Nueva York. También mencionó que el sushi kosher permitió el acceso de judíos tradicionalistas a esa cocina, con selección de pescados permitidos y ausencia de mariscos o lácteos.
Micaela Najmanovich, creadora de Anafe, opinó que uno de los factores del aumento fue “la unión entre la necesidad de comer en lugares más lindos y una fuerte nostalgia para degustar los platos que tanto gustaban en las fiestas”. Y concluyó: “Hay una búsqueda de sostener la tradición y de tener productos diferentes, porque en un mundo tan globalizado lo conocido y lo hogareño son más necesarios, para que no todos los gustos sean iguales”.
