El presidente Javier Milei mantuvo un encuentro informal con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en el hotel Lotte de Manhattan. La reunión, sin protocolo ni agenda oficial, se produjo en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El presidente Javier Milei se reunió con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en un pasillo del hotel Lotte, en Manhattan, durante su estadía en Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El encuentro, que la Casa Rosada había presentado como una reunión formal, se desarrolló de pie y sin la presencia de banderas, mesa de negociación o salón reservado. Participaron también el canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía, Luis Caputo.
En la jerga diplomática, este formato se denomina «pull-aside»: un contacto breve e informal que se organiza al margen de una cumbre y que se diferencia de una reunión bilateral con agenda, protocolo y tiempo asignado.
Tras el encuentro, Rubio escribió en la red social X: «Me complace ver al Presidente de Argentina». En el mismo mensaje, sostuvo que la relación bilateral es sólida y destacó la cooperación en energía, minerales críticos y agricultura. Por su parte, Quirno mencionó inversiones, seguridad hemisférica y el llamado Escudo de las Américas. Ninguno de los dos incluyó en sus comunicaciones públicas una referencia a las Islas Malvinas.
La omisión se produjo luego de que Milei llevara el reclamo de soberanía sobre las islas a su discurso ante la Asamblea General de la ONU. En tanto, el expresidente estadounidense Donald Trump, quien también participó de actividades en Nueva York, se refirió al archipiélago en una conversación con el primer ministro británico, Andy Burnham, según trascendió. Trump tampoco mantuvo una reunión bilateral con Milei.
En el encuentro regional del Escudo de las Américas, Trump pronunció unas palabras, recordó su apoyo electoral a Milei y se retiró sin mantener una conversación aparte con el mandatario argentino.
Desde el Gobierno argentino reivindican la alianza con Washington y subrayan que el vínculo produjo avances en inversiones y sectores estratégicos. En ámbitos diplomáticos, en cambio, la puesta en escena fue leída como una señal de jerarquías: Milei debió trasladarse al hotel de Rubio y la conversación careció del ceremonial reservado a una visita presidencial.
El episodio volvió a mostrar el riesgo de medir la política exterior por las fotografías. El alineamiento ideológico abre puertas, pero no elimina los intereses propios de Estados Unidos ni su relación histórica con Londres. Esta vez, la imagen que debía certificar cercanía dejó otra impresión: la de una comitiva que esperaba una cumbre y obtuvo apenas un «pull-aside».
