Un estudio publicado en Nature Communications analizó el efecto del mijo perla biofortificado con hierro y zinc en la microbiota intestinal de niños de Mumbai, India.
Un equipo de investigadores del Centro Joan Klein Jacobs de Nutrición de la Universidad de Cornell, en colaboración con científicos de la India y de la Universidad de California en San Diego, estudió a niños pequeños que consumieron mijo perla biofortificado con hierro y zinc durante nueve meses. El objetivo fue evaluar el impacto en la salud intestinal y la deficiencia de hierro.
La anemia por falta de hierro afecta a una de cada cuatro personas en el mundo y puede perjudicar el desarrollo físico y cognitivo en la primera infancia. Los suplementos de hierro ayudan a corregir la deficiencia, pero el exceso de hierro no absorbido puede dañar la microbiota intestinal, especialmente en niños pequeños.
La investigación, publicada en la revista Nature Communications, se encuentra entre los primeros estudios que examinan cómo un cultivo biofortificado, como el mijo perla (Pennisetum glaucum), afecta al microbioma intestinal humano. El mijo perla es un grano utilizado en diversas comidas en la India y otros países.
“Pensamos que un enfoque basado en la alimentación podría ayudarnos a alejarnos de las estrategias de suplementación generalizadas para abordar la salud, a la vez que permitiría personalizar la nutrición”, explicó Saurabh Mehta, autor principal del estudio y director de la cátedra Janet y Gordon Lankton en el Centro Jacobs de la Facultad de Ecología Humana.
Los investigadores realizaron un ensayo con 223 niños de entre 12 y 18 meses de edad que vivían en barrios marginales de Mumbai, donde la anemia es frecuente. La mitad recibió comidas preparadas con mijo biofortificado que contenía 8,7 mg de hierro por cada 100 gramos, y la otra mitad, mijo estándar con 3 mg de hierro.
“La técnica de secuenciación genómica nos permitió ir más allá de describir los tipos de bacterias presentes en el intestino de los niños, ya que pudimos comprender qué estaban haciendo realmente”, afirmó Nathanial Cole, coautor del estudio e investigador asociado en el Centro Jacobs. “Comparamos el ADN de las comunidades microbianas intestinales de estos niños con el ADN de referencia de otras especies con funciones conocidas, lo que nos permitió predecir la función de estos microbios basándonos en las similitudes genéticas”, agregó.
Los investigadores concluyeron que “los cultivos biofortificados podrían ofrecer un enfoque sostenible para abordar la deficiencia de hierro, manteniendo al mismo tiempo un desarrollo saludable de la microbiota en las primeras etapas de la vida”. No obstante, señalaron que se necesitan más estudios con poblaciones más diversas antes de recomendar los cultivos biofortificados como alternativa a los suplementos de hierro.
