El hecho ocurrió el domingo en Morro Grande, San Pablo. La víctima fue identificada como Angelita Manoela Rodrigues. El agresor quedó detenido.
Un hombre mató a puñaladas a su expareja en la fila de un supermercado en el municipio de Morro Grande, en el estado de San Pablo, Brasil. El hecho ocurrió el domingo a las 12:40 en un local situado en la zona Praça Santa Clara de Assis.
La víctima fue identificada como Angelita Manoela Rodrigues, de 40 años. Según allegados, había mantenido una relación con el agresor, Lafayete Gonzaga da Silva, durante 10 años.
Las cámaras de seguridad del comercio registraron la secuencia. En las imágenes se observa al sospechoso, vestido con remera azul, bermuda gris y sandalias, atacar por la espalda a Rodrigues con un cuchillo. Los clientes que estaban en la fila se alejaron y algunos comenzaron a arrojarle artículos para intentar detener el ataque. Da Silva continuó asestando cuchilladas en la espalda y el lado derecho del cuerpo de la mujer hasta que esta se desvaneció. Luego huyó del lugar.
La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Brasil informó que Rodrigues fue atendida por personal médico y trasladada al Hospital Brasilandia, donde falleció a causa de las heridas.
Da Silva fue arrestado y llevado a la 4ª Comisaría de Policía de Defensa de la Mujer (DDM). En su primera declaración manifestó estar arrepentido y atribuyó a su expareja el haberle «arruinado la vida».
El entierro de Rodrigues está previsto en el cementerio Jardín Eterno del municipio de Piedade.
Leila Lira, amiga y excompañera de trabajo de la víctima, declaró a Folha de Sao Paulo que la relación estuvo marcada por episodios de violencia. «Su vida era un infierno. Una vez la golpeó, la echó de la casa y le quemó toda la ropa. Solo le quedó el uniforme y pasó la noche en la calle. Una mujer la ayudó, y él la amenazó. Mis hijas donaron ropa, y él también las amenazó», expresó.
Lira indicó que Rodrigues asistía al trabajo «con la cara magullada» y describió a Da Silva como «agresivo y dominante». «La humillaba delante de todos», señaló. Ambos trabajaban en una empresa de construcción: Rodrigues como auxiliar de limpieza y Da Silva como electricista.
«Las chicas y yo hablamos con ella. Intentamos ayudarla. La invité a vivir conmigo, pero no aceptó porque [Da Silva] amenazaba a todos los que la ayudaban», afirmó. «Era una mujer muy buena, íntegra, honesta, cariñosa. No merecía esto. Quise haber hecho más, pero desafortunadamente no pude», agregó.
