El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, respaldó este miércoles la acusación formal presentada por la Fiscalía del Distrito Norte de Texas contra cuatro personas vinculadas al suministro de armas al Cártel de Sinaloa.
El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, respaldó mediante su cuenta oficial en X la acusación formal presentada por la Fiscalía del Distrito Norte de Texas contra cuatro personas vinculadas al suministro de armas al Cártel de Sinaloa.
Johnson enmarcó el caso como una expresión del compromiso del presidente Donald Trump con el desmantelamiento de las redes de tráfico de armas y subrayó que ambos países deben seguir trabajando juntos para detener el flujo de armamento hacia las organizaciones criminales. La acusación, anunciada el martes 21 de julio por el fiscal federal Ryan Raybould, señaló como principal imputado a Loyd Walter Hall, de 27 años y residente de Amarillo, Texas.
“Rastrear las armas de fuego ilícitas es fundamental para desarmar a los cárteles, hacer que los traficantes rindan cuentas y proteger a nuestras comunidades”, escribió Johnson desde su cuenta.
En su mensaje, Johnson también vinculó el caso directamente con la agenda del presidente Trump y subrayó que los cargos evidencian la necesidad de que México y Estados Unidos continúen trabajando de forma conjunta para frenar el flujo de armamento hacia organizaciones criminales.
La acusación que motivó el pronunciamiento diplomático
Un gran jurado federal del Distrito Norte de Texas presentó el 25 de junio una acusación formal de 12 cargos contra Hall. Los cargos incluyen conspiración para brindar apoyo material a una organización terrorista extranjera, conspiración para distribuir sustancias controladas destinadas a su importación a Estados Unidos, posesión de un arma de fuego en el marco de un delito de narcotráfico, múltiples cargos por declaraciones falsas ante vendedores de armas con licencia federal y conspiración para la compra y el tráfico ilícito de armas de fuego.
El Cártel de Sinaloa está designado oficialmente como organización terrorista extranjera por el gobierno estadounidense, lo que eleva la gravedad de los cargos y sitúa el caso en el ámbito de la seguridad nacional.
Una red que operó dos años entre Texas, Utah y Chihuahua
Entre 2024 y 2026, Hall y varios cómplices, identificados y anónimos, sostuvieron una relación directa con un integrante del Cártel de Sinaloa en el estado de Chihuahua, México.
A través de ese vínculo, Hall no sólo proveyó armas de fuego, sino que también ofreció conocimientos técnicos y asesoría para eludir los controles de las autoridades estadounidenses, con pleno conocimiento de que operaba en beneficio de una organización terrorista.
Junto a Hall fueron imputadas otras tres personas. Jesús Quezada Meza, de 30 años, ciudadano mexicano residente en Dumas, Texas, y Omar Velásquez, de 44 años y residente de Utah, enfrentan cargos de conspiración para la compra ilícita de armas de fuego y conspiración para el tráfico ilícito de armas. Catlynn Ann Townsend, de 29 años y también residente de Amarillo, está acusada de haber proporcionado una declaración falsa ante un vendedor de armas con licencia federal.
Todos los imputados ya comparecieron ante el tribunal para su audiencia inicial.
Las penas que enfrentan los cuatro imputados
De ser hallado culpable, Hall podría recibir cadena perpetua en una prisión federal, pena que corresponde al cargo más grave: brindar apoyo material a una organización terrorista extranjera.
Meza y Velásquez enfrentan cada uno hasta 15 años de prisión federal. Townsend podría recibir hasta cinco años de reclusión.
La Fiscalía advierte que la acusación formal constituye únicamente una alegación de conducta delictiva. Los acusados se presumen inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad más allá de toda duda razonable.
Lo que dijeron el fiscal y los agentes a cargo
El fiscal federal Raybould afirmó que “cada arma de fuego traficada desde Estados Unidos a un cártel fortalece su capacidad para aterrorizar a las comunidades, asegurar sus operaciones de narcotráfico, participar en actos de corrupción y cometer robos internacionales de combustible”.
Brian Garner, agente especial a cargo de la División de Campo de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) en Dallas, señaló que el caso trasciende el tráfico de armas. “Las acusaciones describen también los esfuerzos por brindar al Cártel de Sinaloa orientación sobre cómo eludir las leyes estadounidenses sobre armas de fuego y evitar ser detectado por las fuerzas del orden”, afirmó.
Travis Pickard, agente especial a cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) en Dallas, destacó el valor de la cooperación interinstitucional: “esta acusación demuestra la solidez de nuestras alianzas y nuestra determinación de exigir responsabilidades a quienes trafican con armas de fuego y brindan apoyo material a cárteles violentos. HSI continuará trabajando con nuestros socios federales, estatales y locales para garantizar que quienes ponen en peligro la vida de los estadounidenses comparezcan ante la justicia”.
La investigación y el marco institucional
La investigación fue conducida por la ATF y la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), con la asistencia del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Departamento de Policía de Amarillo.
El caso se enmarca en el Grupo de Trabajo de Seguridad Nacional (HSTF), creado mediante la Orden Ejecutiva 14159. El HSTF es una alianza intergubernamental orientada a desarticular cárteles, pandillas extranjeras y organizaciones criminales transnacionales que operan dentro y fuera de Estados Unidos, con énfasis especial en casos de tráfico de menores y delitos que involucren a niños.
