El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en Washington para ratificar la alianza bilateral, mientras las negociaciones con Irán por un acuerdo de paz se encuentran en punto muerto.
Desde Washington, Estados Unidos. A medida que se enfría la posibilidad de un acuerdo con Irán sobre la base del Memorando de Entendimiento (MOU), Donald Trump descongela su relación personal y geopolítica con el premier israelí Benjamín Netanyahu, que siempre rechazó la posibilidad de un pacto de paz entre Washington y Teherán.
La relación entre Trump y Netanyahu tiene la forma de una montaña rusa. El 11 de febrero, el primer ministro de Israel expuso en la Casa Blanca un plan con cuatro ejes para atacar a Irán. Trump aceptó esa estrategia, y el 28 de febrero inició la guerra contra el régimen chiíta. Ese día, un misil israelí anuló a Alí Khamenei, líder religioso de Irán, que hoy tiene su funeral en Teherán.
El plan presentado por Netanyahu no cumplió sus objetivos políticos y militares -desmantelar el programa nuclear y voltear al régimen-, y la Casa Blanca abrió una negociación secreta para cerrar un acuerdo con Irán que encabezó JD Vance, vicepresidente de Estados Unidos. La Guardia Revolucionaria y Mojtaba Khamenei -actual líder religioso en lugar de su padre Alí- tomaron el control del estrecho de Ormuz, una vía navegable fundamental para garantizar el petróleo a Europa, la India y China. Y rechazaron la posibilidad de desmantelar su plan atómico.
El control de Ormuz implicó un daño económico a Estados Unidos, ya que el combustible subió e impactó en la inflación mensual. A pocos meses de los comicios de medio término, Trump no quiere que el valor de la nafta facilite la campaña electoral del partido Demócrata. En este contexto, Vance junto a Steve Witkoff -enviado especial a Medio Oriente- y Jared Kushner -yerno de Trump- finiquitaban la redacción del MOU que Trump hace 18 días firmó en el Palacio de Versalles.
La firma de Trump puso a la relación con Netanyahu en su punto más bajo. El presidente de Estados Unidos ya había maltratado al premier israelí durante una compleja llamada telefónica entre DC y Jerusalén, y ahora ratificaba su giro geopolítico en Medio Oriente. Pero las negociaciones entre Washington y Teherán no prosperaron, pese a los esfuerzos diplomáticos de Trump que levantó las sanciones sobre el petróleo de los ayatollahs y prometió la creación de un fondo de 300 mil millones de dólares para reconstruir Irán.
Los negociadores iraníes insisten en controlar Ormuz, se niegan a permitir que inspectores de la ONU revisen sus depósitos nucleares, reclaman que Israel se retire del Líbano y no tienen intenciones de suspender la fabricación de sus misiles balísticos. Tras la firma del Memorando de Entendimiento, sólo hubo una ronda de negociaciones en Doha que auspiciaron Pakistán y Qatar. No se alcanzaron resultados, y la delegación iraní hasta se negó a una conversación directa con Witkoff y Kushner, que llegaron a la capital qatarí en representación de Estados Unidos.
Ambas partes, para ganar tiempo, suspendieron las negociaciones hasta que concluyan los funerales de Alí Khamenei. La procesión chiíta en honor a su líder religioso concluye el 9 de julio. Frente a este panorama incierto, Trump definió una línea de acción hacia adelante. Se reunió con sus principales asesores -Marco Rubio, Pete Hegseth, Vance, Witkoff y Kushner- para analizar opciones militares. Descongeló a Netanyahu, que es su aliado histórico en Medio Oriente. Y aseguró que las negociaciones con Irán “prosperan”, para dejar esa iniciativa abierta ante un inesperado cambio de paso del régimen chiíta.
El MOU sostiene que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán tendrán una ventana de 60 días. Netanyahu llegaría a Washington cuando se cumplan 30 días de negociación, y su presencia en el Salón Oval será una señal política respecto al posible futuro de las conversaciones con Teherán. La última vez que estuvo en DC, Netanyahu propuso una ofensiva completa contra Irán. Ahora regresará para insistir con su prédica militar. No conoce otra receta ante el régimen chiíta.
