Las escuelas de magia en Buenos Aires atraen a un público adulto que busca desconectar de la rutina, ganar confianza y sorprender en reuniones sin necesidad de vivir del ilusionismo.
Las academias de magia en Buenos Aires mantienen sus aulas activas con el interés creciente de un público adulto. Médicos, docentes y abogados se inscriben para aprender juegos de cartas y desconectar de la rutina. La frustración es el primer obstáculo, por lo que los planes de estudio avanzan de forma progresiva.
El campeón mundial de magia Adrián Guerra, dedicado a la enseñanza desde 1995, afirmó: “Tengo diseñado un efectivo curso para evitar la frustración y motivar permanentemente a seguir aprendiendo, ya que en cada clase se aprenden trucos impactantes sin necesidad de gran habilidad manual ni gran manejo de la palabra”. Según Guerra, “ya tomando un mes de clases podés hacer trucos de magia muy buenos, aunque considero que un tiempo mínimo ideal sería de seis meses”.
En la Escuela de Magia Fu Manchu, el nivel de principiantes se extiende por un año. Guillermo Javier Tallón, mago profesional y coordinador, explicó: “Las primeras semanas vemos juegos simples, pero eso no quiere decir que no sean asombrosos; en muchos casos son superiores a un juego con muchísima técnica. Tenemos como regla que en cada clase haya un juego muy simple para que, cuando el alumno salga, ya lo esté realizando con muy poquito ensayo”.
En el Círculo Mágico de Caballito, el proceso se divide en cuatro etapas de cuatro meses a lo largo de dos años. Gastón Paolini, especialista en magia de cerca, sostuvo: “Comenzamos enseñando juegos simples y, poco a poco, esos mismos efectos sirven para introducir herramientas que luego le permiten al alumno comprender rutinas más complejas. Buscamos que viva pequeñas victorias rápidas para motivarse”.
La técnica manual es solo una parte del aprendizaje. La psicología de la atención, el teatro y la expresión corporal son materias troncales. Tallón señaló: “La magia es un arte que combina todo: el cuerpo, la voz, los pies, la mirada, las manos. Todo junto hace a la perfección”. Guerra agregó que en sus cursos se enseñan “técnicas para enfrentar al público, controlar la atención del mismo y desarrollar liderazgo y manejo de grupo”.
Las escuelas también entrenan el manejo del error. Paolini indicó: “En clase se trabaja mucho la improvisación, las salidas ante imprevistos y cómo sostener el control emocional cuando algo no sale exactamente como se planeó”. Guerra mencionó que “en las clases se aprenden diversas técnicas para tener salida ante cualquier fallo, es lo que yo llamo ‘El As en la manga’. Siempre digo que hay que tener plan B, plan C, etcétera”.
La mayoría de los adultos inscriptos no busca vivir del ilusionismo. Paolini afirmó: “La magia desarrolla habilidades muy útiles como la comunicación, la confianza, la creatividad y la oratoria. Mucha gente la estudia como hobby y descubre que le ayuda a relacionarse mejor o a romper el hielo”. Tallón relató: “Muchos alumnos son profesores o médicos, y han tomado estas herramientas para poder comunicarse mejor o hacerle perder el miedo a un niño cuando ve al doctor. Otros vienen solamente a aprender cómo se hacen las cosas para olvidarse de sus problemas laborales”. Guerra describió la disciplina como “el mejor pasatiempo y un gran cable a tierra, ayudando al alumno a desarrollar una herramienta clave para la desinhibición y para romper el hielo en cualquier relación humana”.
Para quienes buscan retribución económica, Guerra afirmó que en su curso “está contemplado dentro del contenido del curso. Ofrecemos tips, consejos y herramientas específicas para venderse como magos”. En el Círculo Mágico, Paolini señaló que estos temas “suelen aparecer naturalmente y se trabajan por fuera de la estructura tradicional de la clase”. En la Escuela Fu Manchu, Tallón concluyó: “Si nos preguntan, lógicamente les vamos a dar ideas y soluciones, pero no es algo que se exponga formalmente en el programa de estudio”.
