En un encuentro del ciclo ‘Desayuno de Coyuntura’, el economista Gastón Utrera y el asesor Aníbal Casas Arregui expusieron sus diagnósticos sobre el crecimiento, la inflación y las herramientas financieras disponibles para las empresas de cara a 2027.
El restó ONCE, en el complejo Corteza Mall, fue el escenario del ciclo ‘Desayuno de Coyuntura’, organizado por la revista de negocios Punto a Punto. Allí, empresarios y ejecutivos de distintos sectores escucharon las exposiciones del economista Gastón Utrera, titular de la consultora Economics Trends, y de Aníbal Casas Arregui, socio director de la Alyc SyC. Ambos coincidieron en que el plan económico tiene lógica, pero que los tiempos no cierran y que el año electoral que se avecina puede afectar lo construido.
Utrera advirtió sobre las expectativas de crecimiento del oficialismo: ‘No va a llegar ni siquiera al 3,5% que está planteando el Fondo Monetario’. Explicó que, con los datos de abril consolidando una caída respecto de marzo, para cerrar el año en ese número se necesitaría una aceleración del orden del 8% mensual sostenido, algo que, según señaló, ‘nadie está viendo que ocurra’. Agregó que la recuperación fácil, desde el piso de una recesión con capacidad ociosa disponible, ya quedó atrás. ‘A partir de llegar a los niveles previos a esa recesión e ir para arriba es mucho más trabajoso’, precisó.
Para 2027, el panorama también es complejo. Utrera indicó que las presiones cambiarias obligarán a subir las tasas de interés y generarán incertidumbre. ‘Es difícil pensar que crezca fuerte la economía en ese año’, anticipó. Señaló que el único sector que puede traccionar el número agregado es el de petróleo, gas y minería (Vaca Muerta y proyectos mineros del norte y de Mendoza), pero advirtió que ‘a los fines del empleo, de la recaudación, de un montón de cosas, ese crecimiento no derrama de la misma manera’.
Utrera afirmó que el derrame económico existe, pero cuestionó sus plazos, su geografía y su intensidad. ‘Cuanto más aceleren y cuanto más crezcan, más va a derramar, pero a los fines de lo que estamos hablando acá no va a solucionar nada’, sostuvo. Explicó que la economía argentina está transitando una transformación estructural, más federal y menos concentrada en el AMBA, que tarda décadas en madurar. ‘¿Qué hace la política en el medio con el descontento de todo eso?’, preguntó, y se respondió: ‘Eso está muy poco en la cabeza del que está gobernando’. En provincias vinculadas a la energía y la minería se está generando empleo, y en algunos nodos del interior la construcción y el comercio muestran señales positivas.
Sobre la inflación, Utrera señaló que el gobierno sigue apostando a que baje rápido por la vía monetaria, pero marcó los límites de esa apuesta, indicando que Argentina podría encontrarse con la inflación resistiéndose a ceder al ritmo prometido. Puso el foco en un problema concreto que afecta a sectores como la maquinaria agrícola: la acumulación de saldos técnicos de IVA, donde las empresas pagan el 21% y cobran el 10,5%, generando un saldo a favor que crece indefinidamente sin mecanismos ágiles de devolución.
En relación al endeudamiento en dólares de las provincias, Utrera explicó la lógica del gobierno nacional: como no planea devaluar, ve con buenos ojos que las provincias se endeuden en moneda dura. El FMI, en cambio, pide que se evalúe la capacidad de generar dólares de cada distrito antes de autorizar esas operaciones. ‘La Provincia no tiene capacidad de generación de dólares’, recordó Utrera, dejando implícito el riesgo si los supuestos del gobierno sobre el tipo de cambio no se sostienen.
Casas Arregui llevó el análisis al plano de las decisiones empresariales concretas. Su premisa fue que 2027 va a ser movido y que las empresas que no se preparen hoy van a sufrir. ‘No cometan el mismo error que en 2024, cuando les ofrecían crédito al 17% y la gente decía «va a seguir bajando», y al año siguiente fue del 150%’, advirtió. Describió un segundo semestre con señales mixtas, con el gobierno apostando a reactivar el consumo vía crédito, con cuotas sin interés que ya llegan a 24 en algunos casos. Para 2027, proyectó que el dólar va a recuperar parte del terreno perdido, dependiendo de la incertidumbre política que genere el proceso electoral.
Para las empresas, Casas Arregui recomendó entrar al año electoral con caja. ‘Si hay algo que no te puede pasar el año que viene es entrar sin caja’, insistió. Sugirió aprovechar la tasa baja actual y endeudarse en pesos, colocando esos fondos en bonos ajustables por inflación o en activos dolarizados. También recomendó explorar alternativas al circuito bancario tradicional, como la caución bursátil, para reducir costos de financiamiento, y repensar la estructura patrimonial de las empresas familiares para aprovechar las diferencias en la carga impositiva entre personas físicas y jurídicas. Advirtió además sobre el ajuste por inflación impositivo: si la inflación anual cae por debajo del umbral requerido, las empresas perderán esa herramienta y deberán reformular su estrategia fiscal.
Uno de los puntos novedosos fue la referencia al mercado de capitales como fuente de financiamiento para empresas medianas. Casas Arregui señaló que el sistema bancario argentino es estructuralmente incapaz de financiar el crecimiento de la economía a mediano plazo. ‘El fondeo sigue siendo a plazo fijo de 30 o 60 días. ¿Cómo vas a dar crédito estructural de esa manera?’, preguntó. Para empresas rentables, el mercado de capitales ofrece herramientas como los pagarés bursátiles y otros instrumentos que pueden resultar más eficientes y baratos que el crédito bancario tradicional.
Para los analistas, el resultado electoral de 2027 será determinante para la estabilidad económica de mediano plazo. El oficialismo enfrenta una paradoja: cuanto más parecido sea el candidato que aparezca, más difícil le resultará ganar, pero más previsible será la transición.
