Tres casos en los últimos quince años muestran un esquema en el que empresarios desconocidos acceden a la fama mediante vínculos con mujeres mediáticas, para luego ser investigados por la Justicia.
En el ámbito del espectáculo argentino se ha observado una secuencia que se repite con frecuencia: un empresario joven y adinerado, hasta entonces sin exposición pública, aparece en medios junto a una mujer famosa. Esa visibilidad, que inicialmente construye una imagen de éxito, termina derivando en investigaciones judiciales sobre el origen de sus fortunas.
El caso más emblemático fue el de Leonardo Fariña y Karina Jelinek. A principios de la década de 2010, Fariña pasó de ser un desconocido empresario platense a figura constante de la televisión tras su casamiento con Jelinek. La exposición incluía autos importados, relojes de lujo y viajes internacionales. Posteriormente, Fariña quedó vinculado a la causa conocida como Ruta del dinero K, relacionada con maniobras de lavado de dinero vinculadas al entorno de Lázaro Báez. Se convirtió en arrepentido judicial y años después volvió a aparecer en investigaciones sobre cuevas financieras y operaciones cambiarias ilegales.
Una década más tarde, Elías Piccirillo y Jésica Cirio repitieron el esquema. Piccirillo se presentó como empresario exitoso con propiedades en Nordelta y vehículos de alta gama. La relación con Cirio generó cobertura mediática centrada en el lujo. Sin embargo, surgieron denuncias por estafas, deudas millonarias y operaciones irregulares. La Justicia lo investigó por maniobras financieras y presuntos vínculos con procedimientos ilegales.
Actualmente, el foco está en Martín Migueles y Wanda Nara. Migueles comenzó a aparecer en medios como un empresario habituado al lujo, con regalos ostentosos que Nara agradecía en redes sociales. Su nombre cobró notoriedad pública cuando se conocieron detalles de una investigación judicial sobre supuestas coimas para acceder a dólares oficiales mediante el sistema SIRA durante el gobierno de Alberto Fernández. La causa apunta a intermediaciones financieras y presuntos pagos para facilitar importaciones y acceder a divisas oficiales en un contexto de brecha cambiaria. Migueles admitió haber actuado como intermediario en operaciones vinculadas a las SIRA, aunque negó el pago de sobornos. Paralelamente, aparecieron informes sobre bienes millonarios y un estilo de vida difícil de justificar únicamente con su actividad declarada. Hace días, Wanda Nara anunció la separación debido a proyectos personales que la obligan a estar fuera del país.
En los tres casos se observa el mismo patrón: un empresario desconocido, una mujer famosa, lujo y un posterior salto a las páginas policiales.
