Gabriela Norese, médica oncóloga y buceadora experimentada, relató su fascinante inmersión en el Mar de Cortés, donde un lobo marino la invitó a jugar.
La frase de Jacques Cousteau, «El hombre lleva el peso de la gravedad en sus hombros. Sólo tiene que bajar al fondo del mar para sentirse libre», cobra vida para la argentina Gabriela Norese, una buceadora con más de 150 inmersiones en todo el mundo.
Uno de sus últimos destinos fue el llamado «Acuario del mundo», en el Mar de Cortés, México, bautizado así por el propio Cousteau. Allí, un inesperado compañero de buceo la invitó a jugar: un lobo marino que la tomó de la aleta y la llevó hasta un grupo de estos animales.
«El mar estaba súper tranquilo, íbamos buceando y de repente siento que me agarran de la aleta. Creí que era algún compañero, pero era un lobo de mar que me ‘invitaba a jugar’. Me tomó la mano con su boca y me llevó al lugar donde estaban jugando varios lobos. Pasamos el resto del buceo jugando con ellos», relató Norese.
La experiencia, según la buceadora, fue como estar dentro de la película «Buscando a Nemo», pero con la posibilidad de interactuar con la fauna marina. Además del lobo marino, pudo avistar tiburones ballena, tiburones martillo, tortugas y cardúmenes de diversas especies.
Norese comenzó a bucear hace siete años tras superar sus miedos iniciales. Hoy, junto a su marido Leonardo Schiano, recorre destinos como Egipto, México, Brasil y Puerto Madryn, y comparte sus vivencias en Instagram bajo el usuario @haciendo.de.las.nuestras.
«Cuando te sumergís sentís que estás dentro de un documental de National Geographic», afirmó, y recomendó la práctica del buceo como una actividad segura si se realiza con la formación adecuada.
