El diplomático argentino avanza en su postulación para ser secretario general de Naciones Unidas, aunque la deuda del Gobierno con el organismo y la posición de potencias como Reino Unido y China generan incertidumbre.
Dos certezas clave encendieron días atrás el optimismo del gobierno de Javier Milei. Estados Unidos y Rusia elogiaron, cada uno a su manera, a Rafael Grossi, el diplomático argentino que da pasos certeros y recoge apoyos en su camino por lograr lo que ningún argentino pudo: ser el próximo secretario general de las Naciones Unidas.
Sin embargo, el fervor del Gobierno, que armó una unidad especial en la Cancillería encabezada por el subsecretario de Política Exterior, Juan Manuel Navarro, para la campaña en favor de su postulación, tiene un límite: la incógnita sobre la postura de los otros tres integrantes del Consejo de Seguridad: Francia, China y, sobre todo, Gran Bretaña, enfrentada con Argentina en los foros internacionales en torno a la soberanía de las Islas Malvinas.
A ello se suma el propio esfuerzo adicional de Grossi, reconocido por su labor al frente de la Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), por no quedar encasillado como “el candidato de la derecha internacional” frente a las otras postulaciones, sobre todo las de las expresidentas Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Michelle Bachelet (Chile).
Para colmo, es conocida la postura de Donald Trump en contra del funcionamiento actual de las Naciones Unidas, a la que desfinancia día a día, una postura imitada por el gobierno argentino. “Las potencias se dan cuenta de que es mejor tener en ese lugar a alguien imparcial, que a alguien amigo”, dijo a LA NACION Federico Pinedo, sherpa argentino ante el G20.
Los elogios del portavoz de Vladimir Putin, Dmitri Peskov, quien dijo que Rusia tenía una “buena opinión de Grossi”, fueron repetidos por la representación de la Asamblea General de la ONU, que la semana pasada escuchó a los cuatro candidatos que hoy se disputan la sucesión del portugués Antonio Guterres a partir del 1 de enero de 2027.
“Necesito el apoyo de todos y creo que lo voy a tener, pero esa es mi aspiración”, dijo Grossi en diálogo con LA NACION luego de defender su postulación. La complicada geopolítica mundial, en medio de conflictos bélicos globales como los de Medio Oriente, introduce un porcentaje de incertidumbre.
¿Aceptará Gran Bretaña que un argentino encabece el organismo internacional, o utilizará su poder de veto para cerrarle el paso? “Trabajo con Reino Unido hace muchísimos años, en temas muy sensibles, y siempre he tenido con Londres una relación muy buena y muy profesional”, dijo Grossi. Fuera de micrófono, diplomáticos argentinos reconocen que la postura de Gran Bretaña es “la gran preocupación”.
En tanto, el representante de China en Naciones Unidas afirmó durante el debate que su país “estaría muy feliz de ver” a una mujer al frente de la ONU, lo que podría interpretarse como apoyo a las expresidentas Grynspan o Bachelet. El cuarteto de candidatos se completa con el expresidente de Senegal Macky Sall.
Fuentes diplomáticas puntualizan que Grossi presentó su postulación sin acompañantes, a diferencia de Grynspan. “No quiere quedar únicamente como el candidato de Milei, hoy asociado con el trumpismo”, evaluó un diplomático. Esa asociación, especulan, puede jugarle en contra y llevar a países africanos o de otros continentes a presionar por otras opciones.
