En medio de la debilidad del gobierno de Javier Milei, el peronismo argentino se prepara para definir sus candidaturas de cara a las próximas elecciones, con especial atención en la provincia de Buenos Aires, donde los intendentes del conurbano buscan imponer su propio candidato a gobernador.
En los últimos dos meses, el peronismo ha comenzado a mostrar signos de reactivación ante la debilidad del gobierno de Javier Milei. La sensación de que pueden regresar al poder, que había quedado enterrada en el verano, resurgió con el desgaste provocado por las peripecias de Manuel Adorni y los altibajos de la recuperación económica.
El partido se encuentra en medio de un proceso de transformación interna, cuyo resultado final es aún incierto. La atención se centra en la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo conserva su mayor caudal de votos. Un factor clave en esta dinámica es la situación judicial de Cristina Kirchner, presidenta del partido, detenida por corrupción y con capacidad de actuación limitada.
Este contexto ha llevado a un grupo de jefes territoriales —Julio Alak (La Plata), Gabriel Katopodis (San Martín), Fernando Espinoza (La Matanza) y Jorge Ferraresi (Avellaneda)— a desafiar a La Cámpora, el sector juvenil kirchnerista. La disputa se centrará en la definición de la candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires, un puesto que antes requería la bendición de Cristina Kirchner, pero que ahora los intendentes buscan definir por sí mismos.
Los intendentes del conurbano acordaron presentar un postulante propio, sin esperar la aprobación de la expresidenta. Según cálculos internos, los votos de sus populosas secciones electorales triplican los de los municipios manejados por La Cámpora. “Que ellos presenten a Mayra Mendoza o a quien quieran y vamos a una interna”, desafía un jefe del sur bonaerense. El gobernador Axel Kicillof respaldó esta postura: “Se tiene que resolver con una PASO” (interna abierta, simultánea y obligatoria).
Para Cristina Kirchner, una derrota interna en el conurbano sería una señal de disolución, especialmente si es vencida por los propios votos del peronismo. Por ello, a pesar de los desafíos, se mantiene la expectativa de un arreglo. En su debilidad, la expresidenta necesita la unidad del partido, ya que un triunfo electoral es su mayor esperanza para recuperar la libertad. Esto explica sus reuniones con dirigentes como Miguel Ángel Pichetto y sus enojos secretos con los miembros de La Cámpora que avivan la fractura.
Los intendentes, sin embargo, recuerdan antecedentes de desaires kirchneristas. En 2015, Cristina Kirchner encerró en una habitación a Aníbal Fernández, Julián Domínguez y Fernando Espinoza para que resolvieran quién sería el candidato a gobernador. Sin acuerdo, Fernández y Domínguez se enfrentaron en una interna que ganó Fernández, aunque en las filas de Domínguez sostienen que el resultado fue fraguado. Finalmente, María Eugenia Vidal venció a Fernández en la elección general.
La Constitución provincial impide a Axel Kicillof presentarse a una nueva reelección, lo que aumenta las ansias por conquistar la candidatura para sucederlo. La elección bonaerense del año pasado la ganó el peronismo, pero el escenario actual es incierto.
