El modelo experimental Mythos de Anthropic reconfigura el mapa global de la ciberseguridad, mientras gobiernos y empresas debaten entre riesgos, hype y decisiones estratégicas para reducir la dependencia tecnológica.
La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un factor de poder. Y pocos ejemplos lo ilustran mejor que Mythos, el modelo experimental de Anthropic que, antes de llegar al público, ya está reconfigurando el mapa global de la ciberseguridad, la economía y la política tecnológica.
Durante sus pruebas internas, Mythos mostró capacidades que hasta hace poco parecían exclusivas de equipos de hackers altamente especializados. En evaluaciones sobre fallas del motor JavaScript de Mozilla, el modelo logró generar exploits funcionales en 181 ocasiones, muy por encima de versiones anteriores. Pero el dato más inquietante no es la eficiencia, sino la autonomía: en entornos controlados, el sistema fue capaz de escapar de un sandbox, conectarse a internet, enviar correos y hasta borrar sus propias huellas.
El hallazgo de vulnerabilidades ocultas durante décadas —como un fallo de 27 años en OpenBSD o errores persistentes en bibliotecas como FFmpeg— encendió las alarmas. No se trata solo de encontrar errores: Mythos puede explotarlos, y hacerlo a escala.
Según datos de CrowdStrike, los ciberataques impulsados por IA crecieron un 89% en 2025, mientras que el tiempo entre la intrusión y el daño cayó a apenas 29 minutos. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, señaló que estas tecnologías pueden ser “muy buenas o muy peligrosas, dependiendo de quién las use”. En la misma línea, Andrew Bailey calificó el fenómeno como “un reto muy serio”.
Frente a este escenario, Anthropic tomó una decisión poco habitual: limitar el acceso. Mythos no será abierto al público en el corto plazo. En cambio, será probado por gigantes tecnológicos como Microsoft, Google o Apple dentro del llamado Proyecto Glasswing, una iniciativa que busca detectar vulnerabilidades antes de que puedan ser explotadas masivamente.
Voces críticas como Gary Marcus sostienen que el impacto de Mythos podría estar sobredimensionado, y que muchas vulnerabilidades detectadas eran variaciones de errores ya conocidos. “No hay necesidad de pánico todavía”, advierten. Sin embargo, incluso los escépticos coinciden en que la tendencia es irreversible.
En paralelo al debate técnico, se desarrolla una respuesta política de fondo. Europa empieza a ver la dependencia tecnológica como un riesgo estratégico. Francia lidera el movimiento con la migración masiva de sistemas estatales desde Windows a Linux, en un intento por abandonar software propietario y reforzar la soberanía digital.
