La correcta distribución de los productos dentro del refrigerador, respetando las distintas zonas de temperatura, es clave para prolongar su duración y prevenir riesgos para la salud.
La conservación de alimentos en la heladera no se limita a guardarlos después de la compra. La temperatura interna no es uniforme en todos los sectores, un detalle que define la duración y calidad de los productos, así como el riesgo de contaminación cruzada.
La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.) recomienda mantener el refrigerador a 4,4 °C o menos, y refrigerar carnes, huevos, mariscos y otros perecederos dentro de las dos horas posteriores a su compra o cocción. Este dato modifica la lógica de uso doméstico, ya que la puerta no enfría igual que los estantes internos, y la parte inferior suele ser más fría que la superior.
Guardar los alimentos sin considerar estas variaciones es un error frecuente. Mezclar carne cruda, sobras, lácteos y verduras sin orden aumenta el riesgo de derrames, contacto entre jugos crudos y alimentos listos para consumir, y la pérdida de calidad en pocos días.
En una heladera estándar, la puerta experimenta cambios de temperatura cada vez que se abre, por lo que es recomendable para productos menos sensibles como aderezos, salsas o bebidas. Illinois Extension señala que esta es una zona más templada, razón por la cual la leche, yogures o huevos duran menos si se almacenan allí.
Los huevos, por ejemplo, deben mantenerse refrigerados en su envase original, a 4,4 °C o menos, y no en áreas con fluctuaciones térmicas. La parte baja del refrigerador es la indicada para carnes y pescados crudos, siempre en envases cerrados para evitar goteos y reducir el riesgo de contaminación.
Una forma práctica de organizar la heladera es por niveles: en la parte inferior, carnes y pescados crudos; en el centro, lácteos, fiambres, comida cocida y sobras bien tapadas; en los cajones, frutas y verduras; y en la puerta, productos con más azúcar, sal o acidez, como mostaza, pickles, mermeladas o ketchup, que toleran mejor la inestabilidad térmica.
Para las sobras, se recomienda guardarlas en recipientes bajos y poco profundos para que se enfríen más rápido, tal como sugiere la FDA. También es importante no saturar la heladera, ya que una carga excesiva dificulta la circulación del aire frío y genera sectores con temperatura superior a la recomendada.
