La Fuerza Aérea y la Marina de EE.UU. desarrollan ejercicios conjuntos con B-2 Spirit y misiles Gunslinger, buscando mayor alcance y capacidad de disuasión en un contexto geopolítico competitivo.
La colaboración operativa entre el bombardero furtivo B-2 Spirit, las alas aéreas embarcadas en portaaviones y los misiles de largo alcance AIM-174B Gunslinger marca una evolución en la estrategia militar de Estados Unidos. Según análisis de sitios especializados, esta integración busca aumentar la efectividad en ataques y la capacidad de disuasión.
El cambio responde a un entorno geopolítico más competitivo, donde las capacidades de otras potencias obligan a replantear el desarrollo del poder naval. Ejercicios recientes frente a las costas de California demostraron la operación conjunta de B-2 con cazas como el F/A-18 y F-35C en misiones de ataque marítimo coordinado.
Un elemento clave es el misil Gunslinger, una versión aérea del SM-6, que proporciona a los cazas desde portaaviones un alcance significativamente mayor que los sistemas tradicionales, permitiendo atacar objetivos a cientos de kilómetros. Su versatilidad lo hace útil tanto para defensa aérea como para misiones ofensivas contra blancos marítimos y terrestres.
Por su parte, el B-2 Spirit, con su tecnología furtiva, puede operar en entornos de alta defensa y transportar misiles antibuque de largo alcance como el AGM-158C LRASM. Programas como QUICKSINK también permiten adaptar bombas convencionales para atacar buques en movimiento.
El trasfondo de esta integración es una doctrina militar que prioriza el ataque desde distancias mayores que las del adversario, buscando neutralizar amenazas antes de que representen un peligro para activos estratégicos como los portaaviones.
