Una investigación histórica, basada en archivos masónicos desclasificados, explora las complejas interacciones y tensiones de la orden durante las décadas de 1960, 1970 y principios de 1980.
La presentación del libro Masones en dictadura, del historiador Gabriel Darrigran, tuvo lugar en un espacio cargado de simbolismo: una sede masónica frente a la Plaza de Mayo. La investigación, que se apoya en archivos institucionales desclasificados de la masonería argentina, propone un recorrido por las décadas del 60, 70 y comienzos de los 80, marcadas por dictaduras y violencia política.
El trabajo de Darrigran, formado en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España y colaborador de la revista académica REHMLAC+, muestra a la masonería no como un bloque homogéneo, sino como un espacio con tensiones internas y zonas grises. A diferencia de su persecución en varias dictaduras europeas, en la Argentina del siglo XX la orden logró mantener, en términos generales, una existencia legal como asociación civil.
Según el autor, su estabilidad dependía menos de una política uniforme del Estado y más de las internas del poder militar. En los años más oscuros, funcionaba internamente con una lógica casi de club, con actas y reuniones formales. Una anécdota citada en el libro condensa ese clima: un grupo de masones fue detenido en la ruta bajo sospecha de subversión, hasta que un superior reconoció los símbolos masónicos y los dejó seguir.
Para entender el rol de algunos masones en los años 70, Darrigran amplía el foco al contexto internacional de la Guerra Fría, una trama de financiamiento, inteligencia y operaciones encubiertas. En este entramado destaca la figura de Licio Gelli, miembro de la masonería italiana y de la logia Propaganda Due (P2), conocido por sus vínculos con distintos niveles de poder.
El libro aborda también el intento de retorno de Juan Domingo Perón al país. Según la investigación, José López Rega –espiritista, rosacruz y masón– creía que Perón necesitaba el aval de la masonería para asegurar su regreso. Fue en este marco donde Gelli se presentó ante López Rega en Madrid en 1971. La investigación sugiere la existencia de canales de diálogo entre Perón y sectores masónicos en los meses previos a su retorno definitivo, hipótesis que se sostiene en testimonios judiciales y trabajos periodísticos.
El fallecimiento de Perón el 1 de julio de 1974, según se desprende del relato, marcó un punto de inflexión abrupto en estos procesos.
